COP 16 y la responsabilidad del cambio climático a escala global

    Hoy estaba viendo un video de Slavoj Zizek (ver video), donde analiza la caridad y el consumismo bajo el paradigma del capitalismo cultural. Su argumento se centra en cómo la caridad -o RSE- nunca ataca las causas estructurales de los problemas, las situaciones iniciales que producen circunstancias que tratamos de remediar. Hacia el final del video, Zizek nos advierte de un tope o punto cero, en el cual nos encontraríamos ahora, que nos permite hablar de una suerte de apocalipsis suave.

    Cabe destacar que, como el mismo Zizek señala, esto no sería bullshit alarmista ni nada por el estilo. La caridad siempre ha existido y ya Oscar Wilde dio cuenta de la paradoja que contiene, al permitir la reproducción del sistema que genera el problema que busca solucionar.

    Me quedé pensando, entonces, en qué sentido estamos cerca de un punto cero que nos acercaría a una suerte de apocalipsis. Viendo la animación del video y su redondez, una suerte de interconexión constante, me vino a la cabeza el tema de la escala (ver documento asociado). El problema es la escala y la magnitud de los movimientos que realizamos. Las sociedades humanas se encuentran hoy en día hasta tal punto interconectadas, las redes se han vuelto tan densas, que es como si la Tierra fuera efectivamente finita. Los límites están ahí mismo, podemos verlos, sentirlos, entenderlos.

    Y el fenómeno del cambio climático puede ser entendido en esta misma lógica. Estamos ante algo que supera a cada país por separado, va más allá de la lógica nacional o regional. Es una cuestión eminentemente global. Las sociedades humanas han sido capaces de movilizar, y ser movilizadas, por el clima. En Cancún, México, líderes y autoridades de todo el mundo se encuentran  discutieron exactamente sobre esto en la Conferencia sobre Cambio Climático COP 16.

    ¿Por qué discuten? Discuten por estudios como el de Mark New, experto en clima de la Universidad de Oxford, que aseguran que la temperatura podría subir hasta 4 grados Celcius en los próximos 90 años, lo que implica más de mil millones de personas desplazadas y que 3.000 millones de personas dejarán de acceder a fuentes de agua limpia. Islas como Tuvalú y Maldivas serán inundadas por el derretimiento de los glaciares y el consecuente aumento de los niveles de los océanos. Países como Kiribati desaparecerán bajo el mar. Pero, ¿qué significa eso en concreto? Significa que hace años el Presidente de Kiribati hace conferencias de prensa bajo el mar, ya que necesita encontrar un lugar donde establecer a los 103.092 kiribatianos. En un reporte al respecto, se plantean cuestiones tan complejas como el establecerlos en otro tipo de sociedades, si pensamos que viven de la agricultura de subsistencia en comunidades donde se comparte todo y se vive a un ritmo totalmente distinto al de los países occidentales.

    El Protocolo de Kioto vence el 2012 y todavía no están claros los acuerdos a tomar para lograr efectivamente reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y evitar que la temperatura de la Tierra suba. Este Protocolo fracasó y las negociaciones en Cancún, según indican muchos, no logró avanzar. ¿El problema de fondo? Países como EE.UU. y China se oponen a un acuerdo vinculante que implique drásticas reducciones a las emisiones de GEI.

    Pero volvamos a Zizek y a la cuestión de la escala. Las sociedades humanas se encuentran ante algo nuevo, en el sentido de que por primera vez quizás vemos bastante claros los límites y posibilidades. Hay bastante consenso en el mundo científico respecto de las consecuencias que traerá el cambio climático y ahí tenemos reunidos a nuestros líderes, intentando -¿o no?- buscar soluciones. La Tierra no desaparecerá ni moriremos producto de un gran apocalipsis cinematográfico con meteoritos cayendo del cielo y destruyendo todo a su paso. No se trata de eso. Se trata más bien de democracia, derechos humanos, justicia, gobernabilidad, crisis, equidad, esta vez a escala global. Los grandes líderes y potencias no están ni han estado a la altura. Siguen en la lógica nacional y regional, sin comprender que quiéranlo o no, los millones de desplazados, las enfermedades e inundaciones que, si bien no a todos por igual, al final del día a todos tocarán. Mucho estuvo en juego en Cancún: es hora de empezar a dimensionar que no hablamos de cuatro grados, sino que de giros en 90 e incluso 180 grados.

    Fuente: Verdeseo