Lucha contra la sequía y la desertificación debe ser activa en Chile

La ONU decretó que cada 17 de junio se sensibilice sobre estos graves problemas y lo clave de abordarlos y mitigarlos. Los fenómenos son realidad para el presente y futuro del país.

La Organización de las Naciones Unidas estableció al 17 de junio como Día de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía, celebrado desde 1995 tras asumirse como graves problemas globales presentes de cara al futuro para toda la humanidad y sensibilizar la necesidad de abordarlos y generar soluciones. Más en el contexto de calentamiento global y cambio climático, que avanzan con los años e intensifican los fenómenos y sus impactos.

Interpelación más que atingente para Chile, donde sequía y desertificación son realidades para hoy y mañana. Así han demostrado los registros y la evidencia científica generada, que fueron compilados en el reporte “Recursos hídricos en Chile: Impactos y adaptación al cambio climático” que elaboró la Mesa Agua del Comité Científico de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP-25, realizada en 2019, cuya coordinadora fue la doctora en Ciencias Ambientales Alejandra Stehr, académica de la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad de Concepción (UdeC) e investigadora del Centro Eula-Chile.

Fenómenos en Chile

“La sequía se refiere a un tiempo donde caen menos precipitaciones de lo normal”, precisa la doctora Stehr. Y, según el informe, si se comparan el registro nacional entre 1985-2015 y las proyecciones para 2030-2060, hay una baja generalizada de las precipitaciones de entre 5% y 15% versus la media histórica para la zona entre las cuencas de los ríos Elqui (Región de Coquimbo) y Baker (Región de Aysén). El trabajo plasmó que las proyecciones son más acentuadas entre la cuenca del río Biobío y el límite sur de la Región de Los Lagos, y que “se han detectado tendencias climáticas recientes en precipitación que siguen la misma dirección proyectada hacia el futuro y que han sido, además, atribuidas a una manifestación temprana del cambio climático”.

Con ello a la base, la académica afirma que “vivimos una mega sequía hace más de 10 años y no sabemos si va a seguir intensificándose o volveremos a un período normal”. Es que no es cualquiera: “la sequía es un problema que nos ha venido afectando desde hace mucho tiempo. Pero, por antecedentes que hemos registrado en los últimos 60 años, esta última década se ha generado un déficit hídrico importante y podríamos hablar de estar enfrentando la mayor sequía de la que tenemos registro”, resalta el doctor en Ciencias Ambientales Marco Sandoval, director del Departamento de Suelo y Recursos Naturales de la Facultad de Agronomía UdeC.

Justamente, la sequía es un factor preponderante en el déficit hídrico y en la disponibilidad del agua como recurso para el medioambiente y las personas, generando un cambio en las condiciones normales que pueden llevar a una transformación del paisaje y de las funciones del ecosistema y ambos expertos advierten que los impactos son a nivel ecológico, económico, social e incluso sanitario. Mismas preocupantes implicancias de la desertificación, que es el aumento en la aridez de un territorio y el doctor Sandoval la define como “consecuencia del quiebre de los sistemas ecológicos” y afirma que como causas influyen cambios en el uso de suelos y degradación de estos, deforestación de bosques y ecosistemas nativos, la falta de agua y el cambio climático.

Por ello, nada favorece la mega sequía ni otras proyecciones de los modelos de cambio climático para Chile, sobre lo que la doctora Stehr revela que “la disminución en precipitaciones y aumento de temperaturas que se esperan, sobre todo en la zona central, provocarán que los territorios cambien de categoría hacia unos más áridos”.

Según el informe de la Mesa Agua de la COP-25 se espera que se amplíe la zona hiperárida (característica del norte chileno) de manera latitudinal y longitudinal en más de 13 mil kilómetros cuadrados (km2). “Este cambio se propaga hasta la zona húmeda cerca de la misma magnitud. Según las estimaciones, en total, 71.400 km2 aumentarán en su categoría de aridez, lo que corresponde al 10% de la superficie continental”, resalta el trabajo. La desertificación en el territorio chileno se está haciendo cada vez más evidente en la zona central que, de hecho, es la que los estudios caracterizan como la más afectada y vulnerable al cambio climático.

 

Combate a la sequía y cuidado de agua: todos pueden aportar

“Suelo sano = gente sana” es el lema que este 2021 ha tenido el Día de Lucha Contra la Desertificación y la Sequía y deja de manifiesto el vínculo que el bienestar de la naturaleza tiene para el bienestar humano, ya que las funciones de los ecosistemas brindan múltiples servicios que son clave para subsistir y su entrega depende de la sanidad de todos los componentes.

Y tanto la sequía como la deforestación se traducen en un cambio en las condiciones naturales normales, por lo que los ecosistemas pueden verse empobrecidos en cuanto a componentes y funciones como proveer agua o producir recursos naturales que son alimento y sustentan economías locales, por lo que se puede gatillar un empobrecimiento de las comunidades y afectarse su calidad de vida.

Visión holística para adaptarse

Teniendo en cuenta las evidencias sobre los cambios conocidos o proyectados lo clave es que “tenemos que ir planificando y adaptándonos desde ya, porque las consecuencias no serán de un día para otro”, asevera la doctora Alejandra Stehr. Pero, sí son un hecho y se está a tiempo de mitigar sus más graves consecuencias. Tener suelos con otras características y menos productivo o menor disponibilidad de agua para el riego de cultivos o consumo son algunas realidades que se viven en muchos sectores y se agudizarán con el avance del cambio climático y la intensificación de fenómenos extremos como las sequías, que impactarán en la desertificación del territorio también influenciada por varios otros factores.

Construir embalses, recargar acuíferos, crear sistemas de riego óptimos, generar infraestructura para acumular agua desde la neblina, buscar cultivos que sean más resilientes a las nuevas condiciones climáticas y hacer restauración ecológica de los ecosistemas nativos son parte de alternativas que el doctor Marco Sandoval entrega para adaptarse con tiempo y enfrentar las futuras condiciones.

Es desde que ambos coinciden en la necesidad de ver a los sistemas ecológicos y territorios como un todo, donde lo que ocurre con distintos componentes y niveles repercute en otro, por lo que la búsqueda de soluciones y la gestión del recurso hídrico y de los territorios deben ser igual de holísticas. Es que reconocen que la toma de decisiones y medidas tipo compartimento para el manejo del agua ha sido una de las grandes falencias en Chile. Una causa humana que merma más la disponibilidad de un recurso afectado por factores “naturales”, pues el cambio climático está siendo acelerado por efecto del calentamiento global que ha provocado la emanación de gases de efecto invernadero de la actividad humana.

Por ejemplo, ecosistemas nativos como “bosques y humedales son productores de agua y esponjas que la almacenan”, explica Stehr. De ahí que cuando están presentes y se cuidan se resguarda la provisión del recurso hídrico, pero cuando se degradan (estado en el que se encuentran muchos de estos) por cambio en el uso de suelo (para fines forestales, agrícolas o urbanos), incendios forestales o contaminación se pierden sus vitales funciones. Por ello, sostiene que preocuparse de conservar los ecosistemas existentes y recuperar los degradados es clave para resguardar la biodiversidad y así la provisión de un recurso tan vital y escaso como el agua, lo que debe considerarse. Tampoco se puede ver el agua superficial con la subterránea por separado, por lo que si se gestiona el uso de la superficial y se explotan los acuíferos habrá efectos, porque “los acuíferos muchas veces son parte del caudal base de un río, por lo que si extraigo agua de un acuífero puedo estar afectando los caudales de verano”, añade. “Mientras no se logre hacer una gestión que considere como un todo, no vamos a encontrar soluciones adecuadas”, apunta.

Impacto y solución de todos

Lo expuesto no son simples opiniones: está basado en la evidencia científica generada en Chile y otras naciones. Y en eso enfatiza el doctor Sandoval, pues en multiplicidad de estudios, muchos financiados con fondos públicos, no sólo se han reportado vastamente los problemas, sino también propuestas para tener soluciones a distintas escalas.

Resalta que es tiempo urgente para que la información se considere por actores sociales como autoridades y legisladores y sustente el diseño de políticas públicas sobre gestión del recurso hídrico o de los territorios. Pero, también se detiene en lo trascendental de sensibilizar y educar a la comunidad, sobre todo a las nuevas generaciones, sobre su rol en el manejo y cuidado del agua, en afrontar problemas como la sequía.

Y es que si los problemas, origen y soluciones, son efecto humano y deben verse como un todo, también hay que saber que “todos tenemos un impacto y podemos aportar”, afirma el académico, lo que se logrará reduciendo la propia huella hídrica (uso de agua) y de carbono (emanación de CO2) que influye en la contaminación ambiental, el calentamiento global y cambio climático. Porque todos y todo tiene huella hídrica y de carbono.

“Cada vez que echo a andar mi vehículo, si me compro algo que no necesito o dejo corriendo el agua mientras me lavo los dientes genero impacto”, advierte. En esos aspectos están los cambios trascendentales, aunque se piensen insignificantes. Lo ejemplifica en que cerrar la llave al lavarse los dientes o darse duchas cortas (no emplear más agua de la estrictamente necesaria) son acciones simples que cada individuo puede hacer a diario en su hogar y podría ahorrar 25 litros diarios de agua. Si cada habitante de la región, del país, del planeta lo hiciera, “son millones y millones de litros”, resalta, por lo que son cambios mínimos para llevar a la acción y acciones tremendamente impactantes para el bienestar del planeta y del humano.

Fuente: El Sur