Acuerdo Climático de Paris: Peligroso Optimismo

Por Sara Larraín

    Con este lenguaje diplomático se intentó ocultar el fracaso político de revertir el calentamiento global.

    Se firmó en París un nuevo acuerdo para enfrentar el cambio climático. Como un triunfo histórico lo han tildado, pero más allá de la estrategia comunicacional, el acuerdo de París sólo formaliza el tipo de negociación iniciada en Copenhague en 2009, que no resuelve el problema del calentamiento global, sino que se acomoda a “voluntad de las partes” para reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero. En virtud de ello, en París se renunció a revertir el calentamiento global y se cambió por el objetivo de que el calentamiento no supere los 2°C promedio y esforzarse para que no aumente más de 1,5°C. Con este lenguaje diplomático se intentó ocultar el fracaso político de revertir el calentamiento global.

    El nuevo régimen climático estará basado en un sistema de compromisos de reducción de emisiones”, en base a “contribuciones nacionales” voluntarias de los diversos países. Pero la suma de esos compromisos informados en París, ya fueron analizados por los científicos, quienes advirtieron que los compromisos son insuficientes para controlar el calentamiento en más de 2°C, denunciando que esto implica que a fines de este siglo tendremos un aumento de temperatura de entre 2,7 y 3°C; es decir una catástrofe climática.

    Pero las incertidumbres del acuerdo de París van incluso más lejos, porque los compromisos de reducción no son vinculantes.

    Es obvio que ni los presidentes de Francia y EE.UU. (que están en período de elecciones), ni el secretario de Naciones Unidas, iban a reconocer que el acuerdo es vulnerable y francamente insuficiente, en referencia al objetivo de la Convención, pero al menos debieron ser más recatados en su optimismo.

    El acuerdo alcanzado no constituye ninguna garantía para revertir el cambio climático, ni evitar que el calentamiento de la atmósfera continúe hasta alcanzar más de 2° C. El fracaso político de nuestros gobiernos en París, requiere de un nuevo régimen de gobernanza, con una profunda intervención ciudadana en las acciones y en la toma de decisiones para poder preservar condiciones climáticas y ambientales donde la vida humana y la vida de las demás especies sea posible.

    Fuente: Columna escrita por Sara Larraín publicada en Estrategia