Baker; la cuenca seca

    Cuando en el 2004 Sebastián Tramón investigador de Greenpeace, descubrió que 96% de los derechos de agua no consuntivos de Aisén eran propiedad de Endesa, derechos obtenidos en forma gratuita y poco legítima durante los tres últimos meses del gobierno del Gral. Pinochet, nadie lo podía creer. A tanto que años después en la Dirección de Aguas de Aysén, DGA, aun nos discutían esa cifra, hasta que al revisar sus datos, terminaron por convencerse.

    Es mas, en el diagnóstico sobre las aguas de la cuenca del Baker, hecho en el 2009 para el Plan Piloto de la Estrategia de Cuenca del Baker, fue la misma DGA la que nos sorprendió con sus conclusiones. En ellas se lee:

    “Existe una alta concentración en derechos no consuntivos (grandes derechos en manos de pocos titulares” y “98% de los derechos no consuntivos nunca han sido utilizados” y “las restricciones que generan los grandes derechos no consuntivos tienen como consecuencia que los derechos consuntivos no pueden ser otorgados en las condiciones de ejercicio que se requieren (permanente y continuo, consumo humano y animal; permanente y discontinuo para riego”.

    Al revisar el detalle de las cifras entregadas por la DGA, se aprecia que solo en los meses de enero, febrero y marzo quedan 9, 32 y 1 m3/seg. de aguas permanentes disponibles en un sector y 105 , 98, en otro, pero que al considerarse la solicitud de AES Gener sobre 1.257 m3/seg. aguas abajo de los derechos de Endesa, esta disponibilidad queda en cero. Es debido a esto que la DGA estableció una reserva de 5,9 m3/seg., en enero y febrero. Además queda un caudal eventual durante 8 y 9 meses de invierno que llega a un máximo de 267 m3/seg.

    ¿Qué quiere decir todo esto? Nada menos de que en prácticamente toda la cuenca del Baker no hay agua disponible con todas de la ley, o sea, si algún poblador (como ya les sucedió a los de Castillo), que esta ahí toda su vida, quisiera regar su campo o abrevar su ganado o asegurar su agua de consumo, o si la empresa de agua potable necesitase aumentar su cantidad por crecimiento de la población, lo mas probable es que la DGA solo les pueda otorgar algunos litros por segundo en enero y febrero. Si es que se los otorga.

    Esta claro que los habitantes de la cuenca del Baker aun no se han percatado del significado de vivir en un lugar hidrográfico con la mayor cantidad de agua del país, pero a la cual legalmente no pueden acceder. Esta claro además que esto es un atentado a sus derechos humanos. No por casualidad fue este tema el centro del debate en el Organismo de Cuenca del Baker donde estaban representados los servicios públicos, las empresas y la sociedad civil involucrada en el tema, organismo participativo con el que el actual gobierno decidió terminar. El objetivo del plan de cuenca de “generar equidad en el acceso al agua, procurar la conservación del patrimonio ambiental de la cuenca, y propender a un desarrollo armónico en torno al uso del recurso hídrico” parece no haber sido de interés del actual gobierno.

    Igualmente, y este aspecto ocasionó polémica en aquel Organismo de Cuenca, esta restricción de acceso al agua evidentemente también bloquea cualesquiera otra iniciativa de desarrollo económico (minero, industrial, turístico, pesquero u otro) que requiera agua permanentemente. O sea, en la cuenca del Baker (eso incluye las cuencas afluentes del Lago General Carrera y Cochrane hacia abajo), si algún emprendimiento necesitase agua no la va a obtener salvo que la extraiga del subsuelo.

    Como si fuese poco, HidroAysén (detentor de los derechos de agua de Endesa), aparte de oponerse a algunas solicitudes de derechos de agua en esa cuenca, ha presentado dos nuevos requerimientos sobre aguas permanentes en el Baker para sus proyectos Baker 1 y 2, de 240 y 250 m3/seg. Y aquí vale preguntarse ¿de donde pretenden sacar esa agua inexistente? Peor aun será, si la DGA termina por entregarles derechos sobre las escasas aguas eventuales aun disponibles, para lo cual el actual Director Nacional de Aguas, Matías Desmadryl, les ha estado allanando el camino vía muy cuestionable resolución exenta.

    Irónicamente, uno de los supuestos mitos que estaríamos difundiendo los opositores a las represas en la Patagonia es aquel de la sequía en la cuenca del Baker. La verdad es que no dejan de tener razón, este asunto no es un mito, es una terrible realidad, de la cual los afectados aun no se han percatado. Para que hablar de nuestras autoridades políticas. ¿Es que hay algo peor que dejar sin agua y limitar el desarrollo solo a las hidroeléctricas a prácticamente todo el sur de la región?

    Fuente: El Divisadero