Cambio climático: La evidencia es innegable

    Respecto a las comunicaciones del señor Douglas Pollock, (“Cambio climático: los verdaderos datos duros”) quien, siguiendo las posturas del economista canadiense Ross McKitrick, se hace eco de quienes niegan el cambio climático y por su supuesto,  descartan que sus causan se deban a las actividades de esta civilización, no podemos permanecer inertes como si se tratara de una postura científica, al mismo nivel de los artículos de las más variadas disciplinas que sustentan la existencia de un cambio en las condiciones climáticas de la Tierra, con una muy alta probabilidad, causada por la actividad humana.

    Debemos entender, sin embargo, que el señor Ross McKitrick es parte de aquellos, que no representan a más de un 5% de la comunidad informada, que pretenden hacernos creer que toda la evidencia científica, no es más que una colusión de burócratas para justificar sus investigaciones, sin considerar el daño que están causando a la omnipotente economía del mundo y que el señor Pollock extrapola a nuestro país. Recordemos que otros lo han hecho antes, cuando demostraron “científicamente” que el cigarrillo no era dañino para la salud; cuando demostraron que las energías renovables no podrías desarrollarse sin el desperdicio de los subsidios estatales; o cuando se nos pretende hacer creer que la economía mundial puede crecer infinitamente o, que el chorreo de la economía de libre mercado sin regulación es la mejor manera para distribuir la riqueza.

    Me anticipo a lamentar los numerosos seguidores en las redes sociales que creará el señor Pollock, quienes, sobre la base de haber leído el titular y parte de las frases descalificadoras, reproducirán sus argumentos en 280 caracteres crenado de manera cicatera, una verdad absurda.

    Sólo para estimular el debate y la curiosidad, les propongo a aquellos lectores que tratan de sustentar su verdad en base a evidencias, que expandan su conocimiento sobre el cambio climático visitando las numerosas páginas web con información y datos científicos relativos al tema.

    Recomiendo comenzar visitando la página de la NASA, climate.nasa.gov y navegar desde ahí hacia las publicaciones de interés.
    Con facilidad encontraran el informe completo del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático que, recordemos, en su quinto Informe de Evaluación, el año 2013, un grupo de 1.300 expertos científicos de distintas disciplinas, independientes, de países de todo el mundo bajo los auspicios de las Naciones Unidas, concluyó que existe más de un 95% de probabilidad que las actividades humanas en los últimos 50 años han calentado nuestro planeta.

    El Panel concluyó que las actividades industriales de las que depende nuestra civilización moderna han elevado los niveles atmosféricos de dióxido de carbono de 280 partes por millón a 400 partes por millón en los últimos 150 años. El Panel también concluyó que hay una probabilidad superior al 95 por ciento de que los gases de efecto invernadero producidos por humanos como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso, sean la causa de gran parte del aumento observado en las temperaturas de la Tierra en los últimos 50 años.

    Es conocido científicamente que el clima de la Tierra ha cambiado a lo largo de la historia geológica. Como lo resalta la NASA, solo en los últimos 650,000 años ha habido siete ciclos de avance y retroceso glaciales, con el abrupto final de la última era glacial hace aproximadamente 7,000 años que marcó el comienzo de la era del clima moderno – y de esta civilización. La mayoría de estos cambios climáticos se atribuyen a variaciones muy pequeñas en la órbita de la Tierra que cambian la cantidad de energía solar que recibe nuestro planeta.

    La tendencia actual de calentamiento es de particular importancia porque la mayor parte de ella es extremadamente probable (más del 95 por ciento de probabilidad) de ser el resultado de la actividad humana desde mediados del siglo XX y continuará a un ritmo que no tiene precedentes en milenios.

    Los satélites en órbita terrestre y otros avances tecnológicos han permitido a los científicos ver el panorama general, recopilando muchos tipos diferentes de información sobre nuestro planeta y su clima a escala global. Este conjunto de datos, recopilados a lo largo de muchos años, revela las señales de un clima cambiante.

    El debate en los Estados Unidos, ahora fuertemente estimulado por la postura del presidente Trump, quien niega la evidencia sobre el cambio climático que estamos experimentando, ha significado que numerosas sociedades científicas tomen posturas sobre el tema. Es así como hoy numerosas organizaciones científicas, que reúnen a miles de científicos de muy diversas especialidades, declaran públicamente que: “Las observaciones en todo el mundo dejan en claro que el cambio climático está ocurriendo, y la investigación científica rigurosa demuestra que los gases de efecto invernadero emitidos por las actividades humanas son el principal impulsor”. En la página web de la NASA se destaca entre otras, las siguientes sociedades científicas que suscriben este diagnóstico: American Association for the Advancement of Science; American Chemical Society; American Geophysical Union; American Medical Association; American Meteorological Society; American Physical Society; The Geological Society of America; U.S. National Academy of Sciences; U.S. Global Change Research Program.

    Desde estas sociedades científicas, junto a otras europeas y asiáticas, emana la información que algunos economistas pretenden negar. En la Tierra, las actividades humanas están modificando las condiciones naturales de la atmosfera, quien lo niega lo hace por intereses particulares o porque no entiende la evidencia científica sobre la cual se sustenta este diagnóstico. Tampoco se puede negar el hecho que, en el último siglo, la quema de combustibles fósiles como el carbón y el petróleo ha aumentado la concentración del dióxido de carbono atmosférico (CO2) y que se ha demostrado la existencia de una correlación directa entre la concentración de este gas en la atmosfera y el aumento de la temperatura media del planeta. Esto sucede porque el proceso de quemar carbón o petróleo combina carbono con oxígeno en el aire para producir CO2. En menor medida, el despeje de tierras para la agricultura, la liberación de metano, la industria y otras actividades humanas ha aumentado las concentraciones de gases de efecto invernadero.

    Las consecuencias de cambiar las condiciones atmosféricas naturales son difíciles de predecir, navegando desde la página web de la NASA encontrarán que existe consenso científico que, con alta probabilidad, experimentaremos los siguientes efectos: i) En promedio, la Tierra se calentará. Algunas regiones pueden recibir temperaturas más cálidas, pero otras no. ii) Las condiciones más cálidas probablemente conducirán a una mayor evaporación y precipitación en general, pero las regiones individuales variarán, algunas se volverán más húmedas y otras más secas. iii) Un efecto invernadero más fuerte calentará los océanos y derretirá parcialmente los glaciares y otros hielos, aumentando el nivel del mar, cuestión que científicamente se ha demostrado está ocurriendo. El agua del océano también se expandirá si se calienta, lo que contribuye aún más al aumento del nivel del mar. iv) Algunos cultivos y otras plantas pueden responder favorablemente al aumento del CO2 atmosférico, creciendo más vigorosamente y utilizando el agua de manera más eficiente. Al mismo tiempo, las temperaturas más altas y los patrones cambiantes del clima pueden cambiar las áreas donde los cultivos crecen mejor y afectar la composición de las comunidades de plantas naturales.

    La naturaleza que atrapa el calor del dióxido de carbono y otros gases se demostró a mediados del siglo XIX. Su capacidad para afectar la transferencia de energía infrarroja a través de la atmósfera es la base científica de muchos instrumentos desplegados hoy por la NASA. Con estos instrumentos, se demuestra que no hay duda de que el aumento de los niveles de gases de efecto invernadero hace que la Tierra se caliente.

    Desde estas sociedades científicas, junto a otras europeas y asiáticas, emana la información que los economistas, no pueden negar: En la Tierra, las actividades humanas están modificando las condiciones naturales de la atmosfera, quien lo niega lo hace por intereses particulares o porque no entiende la evidencia científica sobre la cual se sustenta este diagnóstico.

    La información obtenida de los testigos de hielo extraídos de Groenlandia, la Antártida y los glaciares tropicales de montaña, muestran que el clima de la Tierra responde a los cambios en los niveles de gases de efecto invernadero. Evidencia antigua también se puede encontrar en anillos de árboles, sedimentos oceánicos, arrecifes de coral y capas de rocas sedimentarias del Cuaternario. Esta evidencia antigua o paleo-climática revela que el calentamiento actual se produce aproximadamente diez veces más rápido que la tasa promedio de calentamiento luego de un periodo glacial.

    De las referencias publicadas por la NASA, la evidencia se resume de la siguiente forma:

    1. Aumento de la temperatura global. La temperatura promedio de la superficie del planeta ha subido aproximadamente 1,1 grados Celsius desde fines del siglo XIX, un cambio impulsado principalmente por el aumento de dióxido de carbono y otras emisiones a la atmósfera hechas por el hombre. La mayor parte del calentamiento ocurrió en los últimos 35 años, con 16 de los 17 años más cálidos registrados desde 2001. No solo fue 2016 el año más cálido registrado, sino que ocho de los 12 meses que componen el año – de enero a septiembre, con la excepción de junio – fueron los más cálido en el registro de los respectivos meses.

    2. Calentamiento de los océanos. Los océanos han absorbido gran parte de este aumento de calor. En los 700 metros superiores los océanos muestran una tendencia creciente de aumento de temperatura entre los años 1995 – 2008. Referencia sugerida: Levitus, S., J. I.Antonov, T. P. Boyer, R. A. Locarnini, H. E. Garcia, and A. V.Mishonov (2009), Global ocean heat content 1955–2008 in light of recently revealed instrumentation problems, Geophys. Res. Lett., 36, L07608,

    3. Reducción de la superficie de las capas de hielo. Las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida han disminuido en masa. Datos de la NASA muestran que Groenlandia perdió 150 a 250 kilómetros cúbicos de hielo por año entre 2002 y 2006, mientras que la Antártida perdió aproximadamente 152 kilómetros cúbicos de hielo entre 2002 y 2005.

    4. Retiro glacial. Los glaciares se están retirando en casi todo el mundo, incluidos los Alpes, los Himalayas, los Andes, las Montañas Rocosas, Alaska, África y Chile. En nuestro país la información científica es abundante y este hecho se conoce desde hace más de 20 años. En la página web del programa explora.cl se puede encontrar la información original.

    5. Disminución de la capa de nieve. Las observaciones satelitales revelan que la cantidad de capa de nieve en primavera en el hemisferio norte ha disminuido en las últimas cinco décadas y que la nieve se está derritiendo más temprano. Referencia sugerida: C. Derksen and R. Brown, “Spring snow cover extent reductions in the 2008-2012 period exceeding climate model projections,” GRL, 39: L19504

    6. Subida del nivel del mar. El nivel del mar mundial aumentó aproximadamente 20,32 cm en el siglo pasado. La tasa en las últimas dos décadas, sin embargo, es casi el doble que en el último siglo. Referencia sugerida: Church, J. A. and N.J. White (2006), A 20th century acceleration in global sea level rise, Geophysical Research Letters, 33, L01602, doi:10.1029/2005GL024826.

    7. Disminución del hielo marino ártico. Tanto la extensión como el espesor del hielo marino del Ártico han disminuido rápidamente en las últimas décadas. Referencia sugerida: L. Polyak, et.al., “History of Sea Ice in the Arctic,” in Past Climate Variability and Change in the Arctic and at High Latitudes, U.S. Geological Survey, Climate Change Science Program Synthesis and Assessment Product 1.2, January 2009, chapter 7.

    8. Eventos extremos. El número de eventos récord de alta temperatura en los Estados Unidos ha ido en aumento, mientras que el número de eventos récord de baja temperatura ha ido disminuyendo desde 1950. Los EE. UU. También han presenciado un número creciente de eventos de lluvia intensa.

    En el año 2015, Chile fue incluido por Global Climate Risk Index, (CRI), desarrollado por el centro de investigación y pensamiento Germanwatch, entre los 10 países más afectados en el mundo por eventos asociados al cambio climático. Esto fue determinado en base a las inusuales lluvias y aluviones que destruyeron las localidades de El Salado, Diego de Almagro y Chañaral en la Región de Atacama, que se estima, fueron producto del cambio climático. Sólo la potencial subida de la isoterma cero debido al cambio climático, nos permite anticipar una mayor ocurrencia de este tipo de eventos a lo largo del país y es de una lógica elemental, asignar recursos para entender estos fenómenos.

    9. Acidificación oceánica. Desde el comienzo de la Revolución Industrial, la acidez de las aguas oceánicas superficiales ha aumentado en un 30 por ciento. Este aumento es el resultado de que los humanos emitimos más dióxido de carbono a la atmósfera y, por lo tanto, se absorben más en los océanos. La cantidad de dióxido de carbono absorbido por la capa superior de los océanos está aumentando en aproximadamente 2.000 millones de toneladas por año.
    Este es sólo un resumen de la evidencia científica que pone a disposición del mundo la NASA y numerosas publicaciones en Chile y alrededor del mundo, junto a las posturas públicas de sociedades científicas que categóricamente, reconocen la existencia del cambio climático y que éste, está siendo causado por la actividad humana.

    Chile, además, cumple con la mayoría de los nueve criterios de vulnerabilidad propuestos por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático: posee áreas costeras de baja altura; zonas áridas y semiáridas; zonas de bosques; territorio susceptible a desastres naturales; áreas propensas a sequía y desertificación; zonas urbanas con problemas de contaminación atmosférica; y ecosistemas montañosos. Sobre esta base, podemos predecir un aumento de, por ejemplo, las tasas de erosión del suelo, deforestación, desertificación y degradación costera y ambiental, incrementando con ello el peligro asociado a la ocurrencia de eventos naturales extremos. Y con alta probabilidad, la disminución de las reservas de agua dulce en la alta cordillera por efecto del derretimiento de los glaciares y el rápido deshielo de la nieve invernal.

    En este escenario, cualquier persona racional y sensata, con una capacidad promedio de entender una publicación científica y con un mínimo de sentido social, debería respaldar todas aquellas políticas públicas o iniciativas privadas, que tiendan a precisar el conocimiento científico y aplicado, reemplazar los combustibles fósiles, reducir la exposición a riesgos naturales gatillados por el cambio climático y a generar opciones para las comunidades frente a los posibles cambios. La economía dará cuenta de los costos financieros asociados, de la máxima renta posible a capturar y con toda seguridad, pretenderá desarrollar los algoritmos predictivos que permitan generar oportunidades de negocios.

    Fuente: El Mostrador