Cómo está Chile en materia de eficiencia energética

Se prevé que en la próxima década los costos asociados a electricidad suban en torno al 30%, lo que convierte a la eficiencia energética en un aspecto clave para hacer buen uso de los recursos. La presentación de una ley en el último trimestre de este año sería determinante para acelerar los procesos en nuestro país.

Este 5 de marzo es el Día Internacional de la Eficiencia Energética, celebración que tiene sus orígenes en 1998, cuando se realizó la primera conferencia internacional sobre este tema, donde más de 350 expertos y líderes de 50 países discutieron en Austria cómo conseguir disminuir el consumo energético sin afectar la calidad de vida de las personas. También se analizaron estrategias para hacer frente a la crisis de energía, situación donde Chile tiene mucho qué decir.

Disponer de energía es una condición necesaria para el crecimiento y desarrollo económico de nuestro país. Sin embargo, de acuerdo al Balance Nacional de Energía (BNE) 2012, Chile importa el 60% de su energía primaria, convirtiéndonos en una nación dependiente de los mercados externos y, por consecuencia, de las restricciones de abastecimiento que se produzcan. Mientras se habla de que los costos de electricidad podría subir en torno al 34% durante la próxima década, es clave la optimización en el uso de recursos. “Actualmente existen muchos espacios de mejora relacionados con el buen uso de la energía, pero se requiere un cambio de paradigma, de modo de ver a la energía como un recurso valioso que podemos gestionar y no un costo fijo”, cuenta Michel de Laire, consultor de Task Energy. Señala que en el caso de la industria, la eficiencia energética permite mejorar la competitividad, pero muchas veces los proyectos de mejoras tecnológicas no se materializan debido a que la inversión se recupera en tres o cuatro años, mientras que las empresas buscan resultados de muy corto plazo.

¿Cómo está Chile?

Según estadísticas de la Agencia Internacional de Energía, el consumo per cápita de Chile, es casi el doble del promedio de los países de Latinoamérica, y a su vez es la mitad del promedio de países OCDE. “Esto significa que dadas las perspectivas de crecimiento de nuestra economía, los consumos van a seguir aumentando y es por eso que debemos preocuparnos hoy en cómo diseñamos las nuevas viviendas, industrias y ciudades para que consuman menos energía en los próximos cincuenta años, entre otros factores relacionados”, dice De Laire.

Alex Godoy, director del Magíster en Gestión de la Sustentabilidad de la Universidad del Desarrollo, establece que una de las principales barreras en eficiencia está relacionada con los bajos niveles de personal adecuado al interior de las organizaciones. “La idea es que estos temas se puedan insertar como una herramienta de ingeniería y no como se ha hecho hasta ahora, mediante control de gastos recortándolos bajo una perspectiva comercial. A Chile le hace falta ingeniería. A nivel regional estamos un poco más avanzados por el tipo de tecnologías que ha sido capaz de incorporar la industria; es decir, nuestro éxito económico nos permite comprar el “equipo A” y no el que más consume. Aún así, y a pesar los costos de la energía, se sigue apostando al recortar costos en vez de invertir en ingeniería”.

Desafíos 

De acuerdo a los compromisos planteados por la Presidenta Michelle Bachelet, una de las grandes metas país es reducir un 20% del consumo de energía al 2025 a través de iniciativas de eficiencia energética. “El desafío es importante, sobre todo en un momento en que el precio del petróleo empieza a recuperarse de una caída muy importante en los mercados internacionales”, señala Ana María Ruz, subgerente de Desarrollo Tecnológico de Fundación Chile.

Además, este año el Gobierno presentará la esperada nueva Ley de Eficiencia Energética. “Permitiría iniciar el proceso de desacople de las curvas de crecimiento (PIB) y consumo de energía y en donde las distribuidoras de electricidad y las empresas de servicios energéticos (ESCOs) jugarían un rol importante en iniciativas de eficiencia energética para los sectores residenciales, comerciales y público. Para el sector industrial aparecería el rol del Gestor energético, entre otras”, manifiesta Ruz. De esta forma, Chile seguiría el ejemplo de la mayoría de los países OCDE que cuentan con legislación en esta materia.

Usuarios y empresa

El año pasado, el ministro de Energía en su cuenta anual mostró que la eficiencia energética está en rojo, por lo que se espera que este año sea visto como una oportunidad de innovación, de tecnologías nuevas y de mejoras.

Una casa mejor aislada no sólo permite gastar menos en calefacción sino que mejora las condiciones intradomiciliarias, reduce las enfermedades y además se abre un mercado de instalación de sistemas de aislación térmica de viviendas intensivo en mano de obra.

“Los datos muestran que lo que está aumentando es la incorporación de tecnologías solares y equipos de bajo consumo, lo que incluye sistemas de gasfitería. Pero aún no entran fuertemente los sistemas de auditoría para evaluar domicilios energéticamente que miren mas allá de cambios de gasfiterías, termopaneles en ventanas o fotovoltaicos. En eso estamos en deuda”, enfatiza Godoy.

Sin embargo, la situación parece ir mejorando. El impacto que tiene el control de pérdidas y su trascendencia en la eficiencia energética, se hace evidente en las últimas tres décadas .

Según fuentes de Chilectra, al año 1983, las pérdidas totales de energía eran del orden de 22,4%; en 2014 en cambio, sólo alcanzaron el 5,3%. Se ha estimado que esta gestión de pérdidas durante 32 años, permitió evitar el desperdicio de 43 TWh.

En el caso del sector industrial se han desarrollado programas para fomentar el desarrollo de auditorías energéticas e implementación de la norma ISO 50001 sobre gestión de energía, complementado con cursos de capacitación dirigidos a los profesionales de las empresas.

“A nivel masivo se han desarrollado campañas comunicacionales junto a iniciativas para incorporar el concepto del buen uso de la energía en los programas educativos desde el nivel preescolar hasta la educación superior. Las principales barreras para llegar a los usuarios finales han sido la escasez de recursos para aumentar la cobertura de los programas y la falta de un marco jurídico para el desarrollo de la eficiencia energética como una política de Estado”, explica De Laire.

Fuente: Pulso