Covid 19 y la tentación del extractivismo 2.0

    El mundo se ha detenido y lamentablemente no lo hizo a tiempo, durante décadas, distintas generaciones de mujeres y hombres que se han dedicado a materias medioambientales hemos denunciado la necesidad de realizar un giro diametral en nuestra relación con la naturaleza. Lo anterior es y ha sido desoído y el mundo siguió en su afán por el exacerbado consumo y la extracción de bienes comunes que nos otorga la naturaleza.

    La carrera loca que el mundo llevaba ha sido puesta en jaque por la pandemia, muchos y muchas recluidos en sus casas con la esperanza de que esta tormenta pase rápido y poder reconectarnos con la vida normal en la que estábamos. Ahora bien, la pregunta que surge ¿es eso lo que queremos? Si me preguntan a mí, la verdad que la vida que traíamos antes de la pandemia nos encausaba directo al abismo.

    Lamentablemente tuvimos que vernos sometidos a una situación extrema como la pandemia, para tener un botón de muestra de lo que produce y seguirá produciendo la crisis climática y ecológica, de hecho, se debe resaltar que ya muchos expertos plantean que la pandemia surge por la pérdida de los ecosistemas que se produce por la desforestación y el modelo agroalimentario que el mundo tiene, hay que ser conscientes que saborear la carne requiere la pérdida de ecosistemas ante un modelo de alimentación totalmente vulnerable, debido a las grandes y concentradas compañías que lo manejan.

    Entonces donde estamos ahora, desde mi visión nos encontramos en una cuerda floja, en la cual podemos caernos o cruzarla al otro extremo, tenemos una pequeña chance de hacer un cambio de conciencia y en la forma en que nuestras economías y países se desarrollan, ¿es necesario contar con todos los bienes y servicios que consumíamos antes de la pandemia? La verdad es que no, nuestras vidas deben recuperar espacios que hemos perdido y volcarnos hacia una transición socioecológica que permita hacer las cosas de otra manera, no podemos seguir creyéndonos que el dogma económico y antropocéntrico es la única receta que tenemos para generar bienestar.

    Debemos iniciar por lo menos la discusión de otros paradigmas de desarrollo y relación con la naturaleza, porque si bien hoy, con la pandemia las emisiones han disminuido y tenemos cielos más limpios, algunos animales han aparecido en espacios en donde los humanos transitaban y las aguas se ven menos turbulentas, tristemente es sólo una pausa, y esta pausa se puede borrar en un chasquido de dedos.

    Es necesario que los gobiernos, el parlamento y la ciudadanía reflexionemos sobre cómo podemos configurar una transición que nos permita tener la oportunidad de salir de la crisis climática y ecológica o por lo menos contenerla, con el fin de esbozar un futuro no tan lejano que sea una oportunidad de remediar lo que hemos destruido, porque me temo que de no hacerlo, lo que va a ocurrir en la mayoría de los países del mundo, es que para recuperar la economía se van a volcar a un extractivismo extremo, para además sustentar un modelo económico errado que es en gran medida lo que nos trajo aquí.

    Si los países toman la mala decisión de volcarse a un extractivismo 2.0, llegaremos a un punto de no retorno, no es posible que las actuales economías sigan sacrificando ecosistemas, compatriotas y territorios por un modelo que genera inequidades y la subvaloración de los derechos humanos, la falta de agua, la contaminación de los suelos y del aire, los que generan problemas graves a la salud y la perdida de ecosistemas vitales.

    Por último, esta pandemia es una oportunidad, frágil, pero es una oportunidad, en el caso chileno tenemos ad portas un posible cambio a la Constitución en donde podremos debatir dicha transición. Aquello no será fácil, y requiere de ciudadanos y ciudadanas conscientes de los desafíos que tenemos por delante, el tiempo se acaba, sólo nos quedan 10 años para dar el salto cuántico para crear una mejor sociedad que genere una relación sana con la naturaleza y que resuelva las profundas desigualdades que hoy nos golpean en la cara.

    Publicada en El Mostrador