Cuán factible es construir un canal submarino que lleve agua dulce desde el sur al norte

La ambiciosa idea podría tornar en productivas áreas que hoy son prácticamente desérticas, pero hay varios desafíos, como la mantención en el tiempo del proyecto y la pérdida creciente de caudal en los ríos por el cambio climático.

¿Sería posible construir un canal submarino que lleve aguas desde los ríos del sur del país a las secas llanuras costeras existentes desde Valparaíso al norte e, incluso, al desierto de Atacama?

El ingeniero francés Félix Bogliolo, graduado de la École Polytechnique de París, cree que sí y por eso lleva años tratando de convencer a las autoridades chilenas y de otros países para que se atrevan con su proyecto de carretera hídrica. Para ello, creó la empresa Vía Marina, filial del grupo Vinci, responsable de grandes proyectos de infraestructura.

El “premio” a cambio resulta atractivo. Tan solo un tramo corto entre Valparaíso y la zona de Concón o Petorca, por ejemplo, que significaría una inversión máxima de mil millones de dólares, permitiría recuperar o hacer productivas cientos de hectáreas, generar empleo y exportaciones.

Es justamente lo que propone Bogliolo como primera etapa de un proyecto que podría transformarse en una especie de red de metro acuático, en el que se podrían ir sumando, por etapas, tramos posteriores en un plazo de 30 años y llegar hasta Arica.

El agua para el plan piloto se tomaría desde los emisarios que descargan las aguas residuales de Valparaíso. Pero una vez demostrado su éxito, el paso siguiente implicaría recogerla desde la desembocadura de los ríos Rapel, Maule y Biobío para llevarla a una serie de localidades costeras entre Quintero y Copiapó. Esto demandaría una inversión de 8 mil millones de dólares, más o menos la misma cantidad que se invirtió en 2014 para mejorar el Transantiago. “Captaremos el agua en el límite de salinidad, es decir el punto del río donde el agua deja de ser totalmente dulce para tornarse en salobre”.

Afirma que ahí ya no hay ninguna utilización humana posible y que el único usuario son los ecosistemas. “Hay gente capacitada para determinar cuál es el caudal ecológico mínimo que requiere su bienestar. Si es 100, nosotros tomaríamos 30, y así iríamos sumando varios ríos, según su disponibilidad”, explica.

Respecto de las especies invasoras, especialmente las de microfauna, o la materia sólida en suspensión que eventualmente podría transportarse al norte, Bogliolo dice que en el punto de salida habrá un tratamiento ligero.

Almacenamiento

Para el ingeniero hidráulico de la U. Católica Bonifacio Fernández, para que el proyecto resulte rentable deberá ser algo que funcione de manera continua. Pero los recursos que sobran en Chile son los que provienen de las crecidas de los ríos, advierte. Quizás pueda requerir que se haga un almacenamiento del agua en las zonas de descarga, lo que aumentará el costo de la infraestructura.

Según el especialista, se necesita evaluar bien necesidades y capacidades. “Una cosa es construir y otra que haya gente dispuesta a pagar; la idea es atractiva, pero complicada. En países como Arabia Saudita funcionaría, pero no sé si estamos en esa escala de disponibilidad de recursos”.

El ecólogo Claudio Latorre, también de la U. Católica, teme que sea pan para hoy, pero hambre para mañana. Si bien sería muy efectivo durante unos 30 años, opina, los efectos del cambio climático para Chile implican menor suministro de agua para los ríos, incluso más allá del Bíobío. “Para hacerlo efectivo tendría que estar sacando agua a la altura de Aysén, prácticamente”.

Al respecto, Bogliolo replica que si en el futuro el caudal disminuye, simplemente irán reduciendo la captación en algunas áreas y haciendo otras nuevas.

Latorre admite que en otros países existen experiencias exitosas, con canales terrestres que se extienden por miles de kilómetros para llevar aguas a desiertos. Claro que deben hacerse con mucho cuidado porque, si no, puede ocurrir lo del mar de Aral, hoy transformado en un desierto porque la ex URSS desvió gran parte del caudal que recibía para regar campos de algodón.

En el Mediterráneo
Una de sus iniciativas más avanzadas, dice el ingeniero Félix Bogliolo, es emplear aguas servidas de la zona del Mediterráneo para riego en áreas desérticas. “Estamos en conversaciones con Marruecos, Túnez, Argelia, Líbano y Egipto”, cuenta. Tan solo este último país descarga al mar un caudal cercano a 350 metros cúbicos por segundo, lo que es equivalente al río Sena, asegura. También hay ideas más osadas, como llevar las aguas del Ródano desde Francia a Argelia o Túnez, pero tienen mayor complejidad, ya que requieren de acuerdos transnacionales.

Fuente: El Mercurio