¿Darán el ancho los ministros de Piñera?

Por Sara Larraín

    Dieciséis hombres, además economistas e ingenieros comerciales, seguidos de abogados dominan el gabinete que administrara las instituciones públicas durante el próximo gobierno. Es un gabinete duro, donde destacan dirigentes empresariales y ex parlamentarios. Quedando fuera  los competidores de Piñera, los ex candidatos Ossandon y Kast. Causa sorpresa, el sesgo profesional,  de género y la falta de diversidad de los futuros ministros nominados, su homogénea matriz de formación económica en una sola escuela universitaria  nacional, y la vuelta de economistas de la escuela de Chicago (Fontaine y Valente).

    La decena de futuros ministros dominan una decena de abogados en Medioambiente, Interior, Defensa, Educación, Justicia, Trabajo, Segpres, Minería, Bienes Nacionales y Vivienda, área donde también se expresa la experiencia de representación parlamentaria de algunos nominados. Su desempeño en el Congreso nos permite proyectar un enfoque muy conservador del gabinete, a pesar de que el slogan de las primeras declaraciones apunta a la búsqueda de consensos y de unidad nacional.  No se ve fácil.

    En particular en el área de energía, el amplio consenso construido en los últimos años ha sido limpiar la matriz energética y corregir las distorsiones regulatorias de un modelo energético muy restringido a criterios de mercado. Por ello, la regulación además de crear un ministerio con una autoridad energética nacional, una agencia de eficiencia energética, estableció regulaciones para establecer cuotas de energías renovables y licitaciones específicas para facilitar su ingreso al mercado; además de la generación distribuida, y los impuestos verdes para emisiones de termoeléctricas. Es decir una clara orientación del Estado en la conducción del desarrollo energético. Pero la posición publica expresada por la nominada ministra de energía es contraria a este enfoque y ha sido muy clara en su posición sobre neutralidad tecnológica en la matriz energética y partidaria de que el mercado sea el que de los lineamientos del desarrollo energético   del país.  Esta postura es preocupante, especialmente porque Chile tiene una matriz dependiente y sucia, donde el carbón que en 2016 constituyo 44% de nuestro consumo afecta gravemente la salud de compatriotas en Tocopilla, Mejillones, Huasco, Puchuncaví y Coronel, llamadas zonas de sacrificio. El cambio climático, debido a la quema de estos combustibles, amenaza a Chile y el mundo con sequias e impactos meteorológicos extremos, tales como los que ha sufrido nuestro país recientemente. Por ello, la futura ministra de energía, debiera ser activa en proponer junto al presidente Piñera, la descarbonización de nuestra matriz eléctrica, con un cronograma definido de cierre de las centrales carboneras y apoyar regulaciones como la ley de Eficiencia Energética que hoy discute el Senado. También debe abordar la regulación de la leña, estableciendo su carácter de combustible, con las condiciones de calidad y condiciones de combustión, de lo contrario las ciudades desde Rancagua hasta Coyhaique, seguirán sufriendo graves impactos de contaminación atmosférica.

    En este contexto cabe el beneficio de la duda, sobre si el próximo gobierno del presidente Piñera apoyará las leyes en trámite, tales como la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas,  la ley para la Protección de los Glaciares,  la prohibición de bolsas plásticas, el establecimiento de caudales ecológicos   y  continuará con procesos normativos como la actualización de la norma sobre Residuos Industriales Líquidos y la actualización de la norma de emisión de termoeléctricas , entre otras.

    Similar interrogante presenta la nominación de la ministra de Medio Ambiente, no solo porque no se le conoce experiencia en el área ambiental, sino porque en su fugaz desempeño como parlamentaria no mostró interés en el tema. Tal como muestran los medios de comunicación, solo asistió al 25% de las sesiones de la Comisión de Medio Ambiente; y su votación más bien intento obstruir avances ambientales. En este contexto cabe el beneficio de la duda, sobre si el próximo gobierno del presidente Piñera apoyará las leyes en trámite, tales como la creación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas,  la ley para la Protección de los Glaciares,  la prohibición de bolsas plásticas, el establecimiento de caudales ecológicos   y  continuará con procesos normativos como la actualización de la norma sobre Residuos Industriales Líquidos y la actualización de la norma de emisión de termoeléctricas , entre otras.

    No obstante se supone los futuros ministros tienen como primer compromiso concretar las promesas consignadas en el Programa de Gobierno del presidente electo, genera bastante incertidumbre, dado su trayectoria, los resultados que podría tener la gestión de los nominados ministros de Obras Publicas y de Relaciones Exteriores. El primero porque su experiencia se limita al área del sector financiero, lo cual para un ministerio eminentemente territorial en la gestión de las obras públicas, implica una importante deficiencia que deberá ser superada. En el caso de Relaciones Exteriores, el nominado ministro resulta una apuesta curiosa, dado la alta exigencia y competencia que exige el cargo por el nivel de globalización e inversión económica y política de Chile en la comunidad internacional.  Se duda que dará el ancho de la alta dirección publica, y los resultados pueden se curiosos también, dado el estilo histórico que ha mantenido Chile en sus relaciones internacionales.

    Publicada en El Mostrador