Ecocidio o continuidad de la vida

    Llevamos 50 años conmemorando el Día de la Tierra y comprometiendo cambiar el rumbo de nuestros patrones de producción y consumo, para hacer posible la continuidad de la vida en nuestro planeta. Hemos firmado convenciones y compromisos para revertir el cambio climático, la desertificación, la extinción de especies. También  hemos concordado objetivos  de  desarrollo sustentable (ODS) para resolver las graves pandemias ambientales y sociales  provocadas por el estilo de desarrollo dominante; pero no hemos sido capaces de cumplir los compromisos, ni avanzar en dichos objetivos.

    Una pequeña elite económica y política  a nivel mundial y en cada nación ha obstaculizado  cualquier cambio, en nombre del crecimiento, de las economías y a costa de la dignidad de las personas  y  de la integridad en un planeta limitado.

    Hoy enfrentamos una triple crisis, provocada por nosotros mismos: el calentamiento global,  la extinción masiva de especies y la inestabilidad social provocada por la extrema inequidad. A esto se agrega, la propagación del coronavirus-19, que hará colapsar los sistemas de salud, los empleos y la economía.

    Estamos en un punto de quiebre. O seguimos haciendo más de lo mismo y provocamos un apocalipsis, un “fin de mundo”, un ecocidio.  O iniciamos una nueva cultura y economía para una civilización basada en el cuidado y la cooperación  entre la sociedad y la naturaleza.

    Hoy cada uno de nosotros tiene la tremenda oportunidad de cambiar; y de luchar por los cambios necesarios a nivel local, nacional y mundial.

    Los ciudadanos saben lo que hay que cambiar y por décadas han constituido organizaciones territoriales y globales con demandas muy claras. Las más mediáticas recientemente, en el contexto de las negociaciones del clima, han sido “Extintion Rebelion” y “Fridays for Future” exponiendo la incompatibilidad estructural entre mantener el sistema y restaurar el clima.

    En Chile hace varias décadas viene emergiendo un movimiento ciudadano de defensa de la naturaleza y los territorios amenazados o destruidos por proyectos e inversiones extractivistas que hoy es masivo. Estas demandas ecológicas de defensa de los ríos, las aguas, humedales, bosques, glaciares y territorios aunque no han logrado  gran espacio en los medios  tradicionales, pero tienen alta visibilidad en redes sociales y creciente presencia entre las demandas sociales.

    Ya en 2016 durante el proceso de los encuentros para consensuar las prioridades constituyentes (ELAN)  convocados por el gobierno de Michelle Bachelet,  el “respeto y la protección de la naturaleza y el medio ambiente”, se posicionó entre las tres primeras prioridades de los chilenos para  un eventual proceso constituyente, además de  otras demandas ambientales.

    Tres años después, las demandas por la protección de los territorios, el fin de las zonas de sacrificio y el  derecho humano al agua fueron parte del  clamor por justicia y  dignidad,  durante el Estallido social, fruto del cual se configuró un   cronograma constituyente.

    Los ciudadanos a nivel mundial, resisten territorial y políticamente la incursión del modelo extractivista en sus territorios, producto de lo cual miles de líderes campesinos, indígenas y ambientalistas defensores de ríos y territorios han sido asesinados. El escalamiento de estas muertes ha sido denunciado por organizaciones locales e internacionales de derechos humanos, y hoy el caso de los defensores de la tierra  constituye una nueva preocupación del Sistema de Naciones Unidas.

    Por su parte, los ciudadanos de áreas urbanas cada vez más, no desean seguir siendo cómplices de la destrucción de la tierra y la erosión del clima. De hecho las masivas movilizaciones ambientales han sido en grandes ciudades, donde las nuevas generaciones han tomado el liderazgo en la defensa del medio ambiente, e interpelan al establishment político y económico a no robarles su futuro.

    Los científicos por su parte, primero en referencia al calentamiento global y luego en relación a las aguas, los océanos y la criosfera, han salido a disputar los fundamentos de la política ambiental y climática, constituyendo hoy un tremendo y poderoso aporte a la movilización mundial  por las causas ambientales para la protección de la estabilidad e integridad del planeta.

    La emergencia de la pandemia ambiental del coronavirus-19, procedente de la fauna silvestre que va infectando masivamente el sistema respiratorio de la especie humana, generando miles de muertes y haciendo colapsar los sistemas de salud  y las economías, ha permitido  parar la maquina del productivismo, reducir los impactos humanos sobre los ecosistemas de la tierra y generado el espacio social y político para reevaluar las prioridades de la sociedad humana en este planeta  y  ponderar la viabilidad  de un futuro para nuestros hijos y para las demás especies.

    Estos días, ya se habla de recuperación de las economías colapsadas por la pandemia del Coronavirus y los Estados  están aprobando miles de millones de fondos públicos  para dicha reactivación.

    Los movimientos ciudadanos han demandado que los dineros públicos vayan en apoyo de los trabajadores y hacia la generación de empleos en sectores económicos compatibles con la protección ambiental y las políticas climáticas.

    Los ministros de medioambiente de la Unión Europea han advertido que la reactivación económica debe priorizar la restauración de la biodiversidad a nivel mundial, la mitigación del cambio climático y las políticas de adaptación. Las revistas científicas se han esforzado en hacer aportes en sintonía con los temas involucrados en la toma de decisiones. No obstante el curso de nuestra historia está por verse.

    Personalmente creo que hoy enfrentamos la tremenda oportunidad de cambiar el curso de nuestra historia en este planeta,  pues estamos enfrentando más clara y dramáticamente, la opción entre el ecocidio o la continuidad de la vida.

    Publicada en Cooperativa