Eficiencia energética para la emergencia climática

    En los años ’70, los países industrializados, a raíz de la crisis del petróleo, incorporaron un re-enfoque estructural de la política energética, con el objetivo de mantener el desarrollo económico con menos consumo de energía. El desafió se formuló popularmente como “producir más con menos” o desacoplar el crecimiento del PIB de la intensidad energética.

    Ello llevó a un análisis de la huella energética de todos los procesos industriales, los sectores económicos, el transporte y la edificación, lográndose tremendos cambios en los diseños, la tecnología, los materiales y la estructura de los sistemas productivos mismos. Se institucionalizaron estos avances en la política pública (matriz insumo producto), con lo que se logró probar que es posible mantener la producción y servicios con un cuarto del insumo de energía y materiales, lo que se llamo “Factor 4”, es decir, con un  cuarto de los insumos. En áreas como iluminación y edificación podía ser con solo un décimo (“Factor 10”).

    Sobre este paradigma se crearon nuevos conceptos como “ecoeficiencia” y  “economía circular”, que presentan sistemas y metodologías para que la subsistencia de la especie humana sea compatible con los lÍmites materiales del planeta Tierra, además de  hacerse cargo de la crisis ambiental y climática.

    Si hoy hacemos un balance del desempeño de Chile en la materia,  constatamos que a pesar del empuje de algunos gobiernos, académicos  y  ONG’s, el avance es paupérrimo. El Programa País de Eficiencia Energética no fue acogido por las empresas y las Mesas para Acuerdos Voluntarios de Eficiencia Energética no pasaron de las conversaciones. Recién con la creación de la División de Eficiencia Energética y de la Agencia de Eficiencia Energética, los gobiernos demostraron con proyectos piloto en alumbrado público, hospitales e industria, que la eficiencia era tecnológica y económicamente posible. Pero la inercia del sector privado continuó dificultando el avance de esta política pública.

    Por ello, fue tan importante que en el año 2017, los senadores presentaran una moción que obliga a las 100 empresas, que representan el  30% del consumo energético nacional, a concretar programas y metas de eficiencia energética, además de establecer estándares de eficiencia energética para el sector vehícular y la edificación, entre otros (Boletín 11489-08). Esta iniciativa recogida por el actual gobierno en el Boletín 12058-08,  se aprobó en el Senado y en la Comisión de Energía de la Cámara y esperamos el gobierno le ponga urgencia para que sea pronto aprobada por Hacienda y pueda ser promulgada durante 2020 .

    La aplicación de esta ley permitirá a Chile reducir el consumo de energía final en un 5,5% y  un ahorro de 2.400 millones de dólares al año 2030. Esta reducción se calcula puede superar 7% al año 2035,  con un ahorro de 3.500 millones de dólares.

    Finalmente, en términos de mitigación del cambio climático, la implementación de la Ley de Eficiencia Energética permitiría a Chile reducir 4,6 MM millones de  toneladas de CO2 y 6,8 millones de  toneladas  de CO2 al 2030, aportando un tercio de la reducción de emisiones que el país comprometió en el Acuerdo de París.  Así las cosas, además de la descarbonizacion de la matriz eléctrica, la Ley de EE es clave para la sustentabilidad ambiental del desarrollo nacional y nuestra responsabilidad con la comunidad internacional.

    Publicada en CodexVerde