El drama del «exterminio ambiental» de la laguna Ancapulli en Pucón

Un grupo de vecinos recurrió a la Dirección General de Aguas para acusar a una ganadera de habilitar un profundo canal para vaciar las aguas al río Trancura con el fin de ganar terreno para el pastoreo de vacunos. La empresa lo niega tajantemente y descarta que el descenso de su nivel tenga que ver con un drenaje intencional. Pero el tiempo pasa, el nivel de la laguna no remonta y existe preocupación por el daño irreversible a todo un ecosistema.

La Laguna Ancapulli se encuentra a 30 kilómetros de Pucón hacia la cordillera. El lugar es uno de los denominados paisajes de conservación, y por ello fue declarado Santuario Natural por la Municipalidad de Pucón. Pero un grupo de vecinos y representantes de las comunidades indígenas de la zona advierten que podría desaparecer.

Lo anterior, por la acción de una firma ganadera que estaría empeñada en vaciar sus aguas para disponer con mayor terreno para el pastoreo de sus vacunos.

Se trata de la Agrícola y Ganadera San Vicente de Menetue S.A., cuyo propietario es Carlos Trucco Brito, ex dueño de la isapre Colmena, que de acuerdo a los denunciantes, habilitó una profundo canal de dos metros de profundidad que en la práctica está vaciando las aguas al cauce del río Trancura y sin sacarle provecho alguno. Hasta el momento, se ha reducido cerca de dos metros vertical y entre 15 y 20 metros horizontales. Dimensiones que seguramente aumentarán en el futuro.

«Aún cuando estos terrenos son de su propiedad, la laguna chica ha sido fuente milenaria de anidación de aves, y forma parte de un ecosistema mayor conjuntamente con la Laguna Grande de Ancapulli, por lo que esta acción afecta a todo el ecosistema y daña un bien público, junto con eliminar el paisaje de conservación», sostiene Rodrigo Fernández, uno de los denunciantes que llevó el caso a la Seremi de Medio Ambiente de La Araucanía y a la Dirección General de Aguas (DGA) de la región.

Pero la empresa se defiende. Su administrador general, Martín Acevedo, afirma que es imposible drenar una laguna natural y considera como «absolutamente falso» que se construyera un canal para secarlo y poner ahí más animales. De hecho, asegura que sólo se hicieron tareas de limpieza de un estero natural y que, tras una visita al lugar, la DGA no  dispuso prohibición alguna. También afirmó  que el descenso del nivel de la laguna obedece a los efectos de la severa sequía que afecta desde hace más de una década a toda la zona sur del país y que en ningún caso tiene que ver con los efectos del canal.

Pese a las intensas lluvias de las últimas semanas, así lucía por estos días una de las riberas de la laguna Ancapulli.

Lo cierto es que la DGA, en una resolución emitida el pasado 9 de julio, determinó que no tenía competencia para pronunciarse sobre el perjuicio ambiental generado, pero sí acogió «parcialmente» las denuncias. De hecho, remitió los antecedentes al Juzgado de Letras de Pucón para cursar una multa a la empresa por infringir el artículo 32 del Código de Aguas, que dice relación con la realización de obras en el estero Relfún sin contar con autorización municipal, por cuanto éste sí tiene el carácter de bien nacional de uso público, por tratarse de un cauce natural.

Daño irreversible

Fernández se queja de la burocracia, porque si bien ahora debe pronunciarse la municipalidad de Pucón, el tiempo corre y la laguna continúa vaciándose, convirtiéndose el asunto en un verdadero «exterminio ambiental». Advierte que uno de los efectos será la muerte del anillo de juncos del perímetro de la laguna, lugar de nidificación y refugio de aves (Tagua Grande y Chica, Pato Zambullidor y también asentamiento de coipos), así como será afectado el bosque nativo que rodea la laguna (arrayanes, coihues, tepas, laureles, y sobre todo canelos, entre otros), que desde tiempos inmemoriales ha estado en contacto directo con el agua.

La laguna Ancapulli fue elegida como locación de la película «El verano de los peces voladores«, por su agua cristalina y de alta pureza. El temor es que las imágenes del filme terminen por convertirse sólo en un recuerdo, ya que si pierde profundidad, los rayos solares tendrán mayor penetración en la columna de agua, aumentando la producción primaria de microorganismos que consumirán el oxígeno disponible. «El cuerpo de agua se tornará anóxico; los organismos mueren y sedimentan, pasando a una fase de degradación biológica anaeróbica (en ausencia de oxígeno) lo que tiene como consecuencia final la casi absoluta desaparición de las formas de vida en la laguna, quedando solamente comunidades bacterianas anaeróbicas sobre el fondo, caracterizadas por un suelo de color negro con mal olor (azufre) por la descomposición de la materia orgánica», dice Fernández.

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Con impotencia recuerda que antaño, un vecino ejercía el rol de inspector ecológico que le asignaba la municipalidad, lo que le permitía sacar con Carabineros a quien llegara a contaminar la laguna con un bote con motor, «y ahora, alguien viene, se lleva el agua de la laguna completa y nadie hace nada».

También advierte que se verá mermado el turismo. Un ejemplo es el caso de Lizardo Martinez, residente desde hace 35 años, que con el usufructo de su rústico camping mantenía a su familia durante el verano. Otro es el de  las cabalgatas con turistas o la pesca con  mosca que organizaban pequeños emprendedores. «Todas estas iniciativas quedarán frustradas a cambio de tener unos pocos vacunos en el potrero», se lamenta.

Finalmente, asegura que los vecinos han tocado todas las puertas de las instituciones estatales y ninguna resulta efectiva, principalmente con la inmediatez de respuesta y prevención que el tema amerita.

A su entender, la solución es que se ordene el inmediato el cierre el canal artificial para dejar escurrir el agua por su curso natural, como ha ocurrido desde hace miles de años, para manetener el equilibrio terrestre y acuático y mantener un ecosistema complejo y un paisaje en armonía y riqueza natural.

Resolución DGA Laguna Ancapulli

Fuente: El Mostrador