El peligro de abogar (infructuosamente) por una sociedad sin ideología

Desde que a principios de los 90 Francis Fukuyama anunciara el fin de las ideologías(de la historia, dijo más bien), día a día y con mayor fuerza ha ido acaparando espacio público el discurso que apunta a que el conjunto de ideas y la reflexión más allá del entorno vital y la satisfacción inmediata son innecesarios. Improductivos.

Frases como “los problemas reales de la gente”, “da lo mismo el Presidente que sea electo, mañana debo trabajar igual” y “represento el sentido común de la personas”, forman parte de la misma matriz mental, de la cual los populismos neoliberales han sacado buen provecho. Baste mirar Estados Unidos, Brasil, Argentina y hoy también Chile, donde incluyo por cierto a Aysén.

El último ejemplo es la nueva alianza ProSur, que reúne hasta ahora a Argentina, Brasil, Chile, Colombia; Ecuador, Paraguay, Perú y Guyana. Algo así como el negativo de la Unión de Naciones del Sur (Unasur) que impulsaran los gobiernos bolivarianos. Y que Sebastián Piñera ha llamado“un foro sin ideología, ni burocracia, para que todos los países democráticos de América del Sur, puedan dialogar, coordinar y colaborar”.

Una vez más vemos el llamado a terminar con la ideologías, donde entre estas se incluye principalmente a las que aluden a visiones del ser humano como parte de un colectivo. Es decir, se deja entrever que las ideologías serían principalmente de izquierda, en circunstancias que estas no son ni de izquierda ni de derecha, ni verdes, ni rosadas. Son, según nos aclara la RAE, el “conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc.”.

Un primer problema con esta creencia es no darse cuenta (o no querer hacerse cargo, más bien) que toda noción que cobijamos como sociedad sobre la libertad, la autonomía, el dinero, la transacción económica, está basada en una ideología. Una que se sustenta en lo que entendemos por democracia, derechos humanos, capitalismo.

Pero este no es el principal yerro. Existe uno mayor y más peligroso aún.

Al no comprender estos sectores políticos que su visión es en el fondo ideología, consideran que sus postulados son la “verdad”. Su creencia sobre la libertad personal, la familia, un sistema social heterosexual no son concepciones, serían un estado natural. Serían “la realidad”, a la cual se ataca con “ideologías”. Y producto de ello se sienten mandatados a imponerlo, no a someterlo a la discusión y el debate de ideas que debiera ser el que se da en toda sociedad.

Es este germen el que se instala, a todo nivel, cuando el Presidente señala que los debates se realizarán en Prosur sin ideologías. Un argumento que en cascada va fluyendo hacia la sociedad, hacia el hombre y la mujer que, preocupados también por su propia subsistencia y en un modelo social en el que reflexionar no es muy fomentado(hace poco se estaba discutiendo eliminar filosofía del plan común de enseñanza media), se sienten interpretados.

Este germen es el que vemos hoy. Es este germen el que avanza en nuestra sociedad.

Miércoles 26 de marzo de 2019.

Por Patricio Segura.

Fuente: El Mostrador.

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