Energía con menos carbón

Chile se suma a la tendencia mundial de producir menos energía con el combustible fósil, que hoy vive la mayor crisis de su historia producto del auge de las energías renovables.

Se apaga la luz del carbón. El mundo no quiere seguir quemando un combustible tan cuestionado por su impacto al medioambiente y desde China a Europa, pasando por Chile, el fuerte rechazo de las comunidades y la penalización por su uso, mediante impuestos, está obligando a la industria energética mundial a orientarse hacia fuentes de generación más limpias. “Se trata de un fenómeno en el que realmente se aprecia una transición hacia el uso de las energías renovables, una energía más digitalizada que tiene como objetivo una mayor descarbonización de nuestro negocio”, dice Pierre Devillers, country manager de Engie Chile (ex GDF).

La compañía franco-belga tiene fuerte presencia carbonera en el norte del país. Devillers precisa que como grupo están en proceso “para plantearse como líder a nivel mundial” de esta tendencia y que seguirán igual línea en Chile.

Aclara que lo anterior no implica cerrar operaciones, pero que por ello descartaron el proyecto Infraestructura Energética Mejillones 2, de 350 MW, que ya tiene permiso ambiental y cuyo proceso de venta está suspendido a la espera de una estabilización del mercado eléctrico.

Otro grupo que está en la misma sintonía es Enel, que en marzo de 2015 y a través de su CEO, Francesco Starace, inició un proceso similar. Ese mes, tras una reunión histórica con el entonces director ejecutivo de Greenpeace Internacional, Kumi Naidoo, en Roma, el alto ejecutivo italiano anunció la eliminación gradual de los combustibles fósiles, para reemplazarlos por energías renovables. Dos meses después, en entrevista con Financial Times, dijo que “la era del carbón ha terminado” como fuente de energía.

Actualmente en Chile, el carbón representa el 33% de la generación del Sistema Interconectado Central (SIC) y el 79% en el caso del Sistema Interconectado del Norte Grande (Sing).

El mercado de carbón viene cayendo desde 2011 por el exceso de oferta global y la menor demanda de grandes consumidores como China, que busca limpiar sus cielos. En los últimos cinco años, el precio del combustible se ha reducido en torno a 60%

Días después de asumir, el presidente de Enersis Chile, Herman Chadwick, especificó que el grupo no invertirá más en centrales a carbón, decisión que implica que la compañía se quedará sólo con central Bocamina, operación a carbón en la que la firma invirtió unos US$ 100 millones en mejoras ambientales.

En opinión del secretario ejecutivo de la Comisión Nacional de Energía (CNE), Andrés Romero, la descarbonización de las generadoras “es una tendencia de largo plazo y tiene lugar, básicamente, porque en energía se hunde mucho capital, el cual se amortiza en un largo tiempo y lo que están pensando hoy las compañías, probablemente, es que a futuro los acuerdos climáticos serán más fuertes y afectarán esas inversiones”, explica.

Con su visión coincide Juan Clavería, experto en energía y ex gerente general de GDF Suez. “Es una tendencia mundial a la que es imposible oponerse, toda vez que a medida que avanza el tiempo, la población mundial es cada vez más sensible a los efectos del calentamiento global”, comenta.

La chilena Colbún también está en la misma línea. Su objetivo es generar un mix de proyectos más limpios, asegura su gerente general Thomas Keller (ver entrevista en páginas 14-15).

Aunque su capacidad generadora es un 90% térmica, en Gener también están disminuyendo su uso de carbón, cambiándolo por gas natural, como lo reconoció el grupo hace unos meses en una presentación ante inversionistas . Y también quieren crecer en Energía Renovables No Convencionales (ERNC) e hidroelectricidad.

Pero Hugh Rudnick, académico de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Católica, acota que hoy los combustibles más baratos del sistema eléctrico son el agua y el carbón. Por eso, advierte, una descarbonización de la matriz podría elevar fuertemente sus costos a mediano y largo plazo.

Fuente: La Tercera