Energías limpias para un futuro sostenible

El Banco Mundial estima que en 2045 cerca de 6 mil millones de personas vivirán en ciudades, 2 mil millones más de las que habitan actualmente. ¿Cómo se generará la energía que se necesita sin impactar aún más el ecosistema? Ese es el desafío que impone el ODS 7 y sus metas asociadas. 

No poder cargar el celular, quedarse a oscuras en casa o no poder calentar alimentos o agua, son algunas de las primeras trabas que nos encontramos cuando sufrimos un corte de energía eléctrica.

Según el Índice de Duración Promedio de Interrupciones del Sistema Eléctrico (Saidi) de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), durante 2017 la duración promedio de interrupciones eléctricas que experimentaron los chilenos fue de 18,77 horas, una cifra baja considerando que solo equivalen al 0,21% de las horas que tiene un año. Pero ¿cómo se abordaría este tema por la población si esta falta de suministro fuera una constante?

La ONU estima que actualmente el 13% de la población mundial aún no tiene acceso a servicios modernos de electricidad. En Chile, este porcentaje es bajo. Datos del Banco Mundial aseguran que a 2016, el 99,6% de la población chilena contaba con energía en sus casas. A su vez, un catastro elaborado por el Ministerio de Energía señala que, a julio de 2018, solo 15 mil hogares en el país no contaban con acceso a la energía eléctrica.

No obstante, poseer suministro eléctrico constante no significa únicamente encender el hervidor o cargar nuestros teléfonos. Va más allá de lo doméstico o de la comodidad.

Los indicadores de subdesarrollo -que contemplan acceso a la educación, salud, entre otros- se concentran en los países con menor acceso a la red eléctrica, transformándose en un círculo vicioso; la falta de energía limita la prosperidad, y el mismo déficit económico y social impide el mejoramiento de acceso a servicios.

«Acceder a la energía es fundamental para casi todos los grandes desafíos y oportunidades de desarrollo a los que se enfrenta el mundo actualmente. Ya sea para el empleo, la seguridad, el cambio climático, producir alimentos o para aumentar los ingresos. El acceso universal a la energía, es básico para el desarrollo», asegura Marcela Bravo, gerenta general de ACCIÓN Empresas.

Además, actualmente, la economía global depende en gran medida de los combustibles fósiles, que contribuyen al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, cuyas consecuencias tienen graves impactos en términos humanitarios, sociales y medioambientales

Combustibles fósiles como el carbón, el petróleo o el gas han sido, históricamente, las principales fuentes de producción de electricidad, pero la quema de estos combustibles con alto contenido en carbono, representa aproximadamente el 60% de todas las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero que, como bien sabemos, contribuyen al cambio climático con perjudiciales consecuencias para el bienestar de la población y el medio ambiente.

Solo por nombrar algunos de estos efectos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que nueve de cada diez personas respiran aire contaminado, y que la contaminación del aire provoca anualmente siete millones de muertes. A su vez, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha demostrado que los últimos tres años han sido los más calurosos de la historia.

A nivel global los dos mayores productores de electricidad son China y Estados Unidos, ambos utilizan respectivamente 78% y 66% de hidrocarburos en el proceso. En Chile, donde la generación y transmisión eléctrica está a cargo del sector privado, el 60,3% de la producción proviene de centrales termoeléctricas que utilizan combustibles fósiles como carbón, fuel oil o gas natural.

A su vez, el consumo de electricidad a nivel mundial está aumentando rápidamente. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda aumentará 70% al 2040, porque según el Banco Mundial, al año 2045 cerca de 6 mil millones de personas vivirán en ciudades, 2 mil millones más de las que habitan actualmente. ¿Cómo se generará la energía que se necesita sin impactar aún más el ecosistema? Ese es el desafío que impone el ODS 7 y sus metas asociadas.

 

Miércoles 12 de diciembre de 2018.


Fuente: Ediciones Especiales / El Mercurio