«Esta generación no tiene esperanza de un medio ambiente saludable, aunque cierren las empresas»

Lapidario es el diagnóstico del doctor en Química Waldo Quiroz sobre la situación en Quintero y Puchuncaví, pues cree que lo único que les queda a sus habitantes es abandonar la zona si desean salvaguardar su salud. «Es mi opinión, porque conozco la contaminación, eso es lo que investigo, lo que la gente llama metales pesados», advierte, haciendo notar además que «las intoxicaciones no son algo nuevo, lo que pasa es que ahora ha sido más intenso en el sentido del número de personas que han ido a parar al hospital, pero si uno revisa la historia de esto, en promedio ha habido cinco o seis episodios por año».

Quiroz, quien además es vicedecano de la Facultad de Ciencias de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), y cuya área de investigación es la Química Ambiental, subraya que «hay que entender también que en la historia de Puchuncaví la contaminación atmosférica tiene hartos tipos, está el material particulado (MP), el dióxido de azufre, no sólo el tema del hidrocarburo que salió ahora».

Respecto de este último contaminante, el académico hizo hincapié en que «lamentablemente, no hay un sistema de monitoreo constante de hidrocarburos, entonces, por ejemplo, si una empresa tiene una fuga de hidrocarburo, cuando llegan los sistemas de monitoreo la contaminación ya se disipó, y la probabilidad de encontrar al culpable es cero. Distinto es si corresponde a dióxido de azufre o MP, porque ahí sí hay un sistema de monitoreo continuo».

– ¿Es urgente entonces instalar el equipamiento que mida hidrocarburo?

– Claro, porque la contaminación atmosférica es de hartos tipos. Está la sólida (MP); los precursores de lluvia ácida, que la gente le llama dióxido de azufre; y por la naturaleza de Puchuncaví, también hay contaminantes orgánicos o volátiles, lo que la gente llama hidrocarburos, pero en realidad son más que hidrocarburos. Entonces pueden ser cualquiera de los tres, y el problema es que de los tres, hay sólo dos que se monitorean, entonces, obviamente que se si se pusiera un sistema de monitoreo continuo de comportamientos orgánicos volátiles, sería ideal. Además la autoridad está reaccionando a destiempo, porque ocurrió un episodio de intoxicación y llegaron después de uno o dos días los primeros monitores, y salvo que descubran evidencia de otro tipo, como que encuentren un estanque roto, no hay forma de determinar qué tipo de contaminación fue ni los culpables.

– ¿Por qué cree que no se ha instalado el equipamiento que falta?

– Existen dos barreras, primero la económica, porque los equipos no son baratos, sobre todo los de contaminantes orgánicos, pero segundo, también está el tema de quién lo mantiene y la capacitación de la gente que lo instale y lo calibre, porque son equipos de alta sensibilidad y sofisticación, de lo último que hay en tecnología, sobre todo de contaminantes volátiles, cuyas concentraciones tienden a ser bajas. Por ejemplo, el último sistema de monitoreo que llevaron y que lo manejó la gente de la Universidad Santa María… claro, el Centro de Tecnología Ambiental de la Santa María son los expertos nacionales más importantes en contaminación atmosférica, pero ¿quién tiene esa experticia para manejar eso por el lado del gobierno y las autoridades? Eso es un poco complejo, no creo que sea una cosa que se pueda instalar de un día para otro, por ejemplo, tú puedes ir al Ministerio de Medio Ambiente y tiene un sistema de monitoreo nacional de la calidad del aire, que miden precursores de lluvia ácida, MP, a veces miden ozono, pero no aparecen los contaminantes orgánicos volátiles aún, ya que es una cuestión que todavía no han logrado la experticia para eso y no sé si los recursos los tendrán tampoco.

– ¿Quién debería estar a cargo de las estaciones de monitoreo?

– Ojalá que si ponen estaciones de monitoreo, dependan de la Conama (Comisión Nacional del Medio Ambiente) o la Corema (Comisión Regional del Medio Ambiente), no que dependan de las empresas, como en este caso pasa con las estaciones de monitoreo de dióxido de azufre o de MP, donde la mayoría de las estaciones dependen de las mismas empresas.

– Las críticas apuntan a que la normativa chilena es demasiado permisiva en comparación con estándares internacionales…

– Sí, ahí hay un problema que es por todos sabido, o sea, si comparas la norma de MP, de dióxido de azufre, en Chile son permisivas o incluso hay normas que existen en otras partes del mundo y acá no existen, por ejemplo, la norma de arsénico en suelo, y en Puchuncaví también está contaminado el suelo. La norma de MP indica que sobre 150 ya hay daño a la salud de la gente, y acá la norma es 1.000, entonces las normas que hay acá restringen dentro de lo posible, para que se mantenga viable la actividad industrial.

– ¿Es un traje a la medida?

– Si uno considera la norma, si uno considera los planes de descontaminación, y si uno considera además los permisos que se han dado para que se instalen nuevas empresas, no ha habido nunca, como objetivo, recuperar la zona de Puchuncaví, nunca. Por ejemplo, cuando se redujeron los niveles de MP y dióxido de azufre muy por debajo de la norma, ¿qué es lo que hicieron? Aprobaron más empresas, aparecieron más termoeléctricas, entonces nunca ha habido, desde el punto de vista político y económico, como objetivo, sanear la zona de Puchuncaví, por eso se le llama zona de sacrificio, porque ahí se instalan las industrias más contaminantes y hay un muelle al lado.

– ¿Esa zona ya no resiste la instalación de más industrias?

– Yo creo que la zona de Puchuncaví no tiene arreglo, en el sentido de que la gente que está ahí, la probabilidad de que tenga una vida saludable en las próximas décadas es prácticamente cero. Aunque todas las empresas cierren ahora, la contaminación acumulada en el suelo y en el sedimento marino hace inviable esa zona por décadas. Mucha gente se centra en la contaminación atmosférica, porque es la que genera un daño más inmediato y la gente va a parar al hospital de un día para otro. Esa contaminación, si las empresas cierran, se disipa en horas y puede volver el aire a un nivel normal, sin embargo, en la contaminación del suelo, que la gente llama metales pesados, si tú ves los niveles de arsénico, de cobre que tiene el suelo de Puchuncaví, están 20, 50 veces sobre las normas internacionales, normas que aquí no existen, entonces la gente, aunque las empresas cierren, va a seguir viviendo en un suelo que está 20, 40 veces por sobre las normas internacionales, y el arsénico es cancerígeno, entonces claro, la gente no va a ir a parar al hospital intoxicados como en una contaminación atmosférica, pero ese arsénico lentamente y de forma silenciosa les va a ir generando cáncer, entonces no hay que engañarlos: esa zona, aunque cierren todas las empresas, va a seguir siendo tóxica para la gente por décadas, porque el suelo no se recupera de un día para otro, el suelo se recupera en décadas.

– ¿Y el mar?

– Hay que separar ahí dos cosas: el agua de mar, al igual que la atmósfera, que son fluidos, tiene una ventaja, que es que tiene una dinámica rápida, es decir, los contaminantes se diluyen y se disipan rápidamente, entonces el problema no es tanto el aire ni el agua, en el sentido de que si se cierran las empresas o les ponen normas súper exigentes, y supongamos que las cumplen rigurosamente y no tienen ninguna fuga, en la atmósfera y el agua, por ser fluidos, esos contaminantes se van a disipar y van a alcanzar niveles saludables. Sin embargo, el sedimento, el suelo y los vegetales no, porque acumulan la contaminación y la mantienen ahí por años, décadas, incluso siglos, dependiendo del tipo de contaminante, y los que hay ahí acumulados no son simples. El arsénico es el caso más emblemático, también hay algunos reportes de mercurio, pero solamente el arsénico ya te dice que no tienes que vivir ahí, o sea, cómo vas a estar viviendo en una zona en la que el suelo y todo el polvo del entretecho de las casas tiene niveles cancerígenos de arsénico.

– ¿Es posible recuperar esa zona?

– Habría que cerrar las empresas o no permitir más y poner normas exigentes, limpiar el suelo con procedimientos que toman años o décadas, y ahí recién la gente podría asentarse en el lugar y quizás alcancen una vida saludable, pero a mi juicio, esta generación no tiene ni una esperanza de vivir en un medio ambiente saludable, aunque cierren las empresas.

– ¿Es decir que lo único que queda para salvaguardar la salud es un éxodo masivo?

– La única solución viable, a mi juicio, es que la gente emigre de esa zona. Hay un tema que yo no domino, que es el tema económico, así que no sé cuánto tomaría eso y quién paga para que la gente se vaya de ahí. Pero sí ha habido casos, como por ejemplo Chuquicamata, que se transformó en una ciudad inviable para la salud de la gente, así que, con el apoyo de Codelco, la gente se trasladó a Calama, porque obviamente, la gente no podía estar ahí.

– ¿Cuán lejos tendría que irse la gente de Quintero y Puchuncaví para estar en una zona segura?

– El radio de acción de la contaminación de Puchuncaví es del orden de 20 kilómetros a la redonda del eje industrial, donde ya hay niveles de contaminación bastante más bajos, incluso por debajo de las normas muchas veces. Maitencillo ya podría ser una zona segura. Yo no soy de la zona, pero me han dicho que sigue llegando más gente, pero a mi juicio, una cuestión que se tendría que hacer es, primero, cortar el tema de permitir un asentamiento humano ahí, porque esa zona es industrial, no es agrícola ni marina, entonces no debieran permitir más casas. Lo segundo es, desde lo más cerca a lo más lejos de la fuente, empezar a poner incentivos económicos para que la gente migre de ahí hacia donde les regalen o les subvencionen casas, es decir, una compensación para que la gente se vaya de ahí, porque no hay otra solución.

«Aunque las empresas cierren, van a seguir viviendo en un suelo que está 20, 40 veces por sobre las normas internacionales de arsénico, que es cancerígeno.»

«Yo creo que la zona de Puchuncaví no tiene arreglo, en el sentido de que la gente que está ahí, la probabilidad de que tenga una vida saludable en las próximas décadas es prácticamente cero.»

«No ha habido nunca, como objetivo, recuperar la zona de Puchuncaví. Cuando se redujeron los niveles de MP y dióxido de azufre, ¿qué es lo que hicieron? Aprobaron más empresas.»

 

Lunes 10 de septiembre de 2018.

Por Cristián Rojas M.

Fuente: Mercuriovalpo.cl