Estudiantes de Quintero han tenido que cerrar el año escolar por malestares físicos

Afectados relatan que los recurrentes episodios de contaminación en la zona obligó a tomar esta drástica medida por malestares permanentes. Víctimas sólo piden un diagnóstico claro para retomar sus vidas.

Cerrar el año escolar antes, cambiarse de ciudad para retomar el colegio e incluso, no volver nunca más al aula, es el panorama que están enfrentando un grupo de jóvenes de Quintero.

Según estimaciones de vecinos y dirigentes señaladas a La Estrella de Valparaíso, más de diez menores de edad han tenido que abandonar sus estudios producto de la contaminación y el catastro podría ser aún mayor. No ha sido fácil aseguran, ver cómo se frustran los sueños de aprender. No es sólo abandonar sus escuelas, sino, que en muchas ocasiones, abandonar sus hogares es la única alternativa.

«Él quería ser kinesiólogo» nos cuenta Guillermina Allendes, quien ve cómo su hijo Camelot Mella, de 16 años se ha ido deteriorando producto de la contaminación. El adolescente estudiaba hasta principios de este año en el Colegio Don Orione de Quintero y tras la crisis medioambiental del 2018, su año escolar debió ser cerrado.

«El año pasado comenzó con vómitos, mareos y adormecimiento en sus extremidades, lo que generó que sólo quiera estar acostado, durmiendo. Fuimos al médico de Quintero y le hicieron más de cinco exámenes, pero nunca nos dieron un diagnóstico y nos derivaron a medicina interna del Hospital Gustavo Fricke, pero aún no nos llaman. Esto provocó que tuviera que retirarlo del colegio hace un par de semanas y esto le ha causado una depresión», asegura Guillermina.

Sueños truncados

El caso de Camelot no es el único. Liset Jiménez no sólo vio truncados los sueños de su hija, Camila Chamorro, de 16 años tras el cierre anticipado de su año académico durante el 2018, sino también, debió abandonar su hogar para establecerse en Viña del Mar, para mejorar la calidad de vida de su familia.

«Luego de la crisis del año pasado, nos dimos cuenta que ella estaba muy mal en Quintero y tenía que sacarla de ahí, los mismos doctores me lo decían y así, en el mes de enero, nos fuimos a Viña. El año pasado le cerraron el año escolar y ahora, con el cambio de colegio, ella se esfuerza en sus estudios pero le cuesta mucho porque sigue con fuertes dolores de cabeza y día por medio debo retirarla», indica.
Para Marta Astorga, de 15, la historia es igual: fuertes dolores de cabeza y mareos generaron que perdiera la mitad de su año académico.

«Perdió la mitad del año, cuando estaba cursando 1° medio y por lo mismo, decidimos cambiarnos de Quintero a Valle Alegre, pero aún así sigue con dolores y lamentablemente los doctores sólo me dicen que es migraña, pero mi hija era una niña sana y el diagnóstico me parece absurdo», comenta su madre, Dolly Gatica.

Especialista

Las afectadas aseguran que no han tenido un diagnóstico claro con respecto al estado de sus hijos, lo que complicaría aún más la situación.
«Nunca le dieron un diagnóstico y ahora recién un médico particular está viendo el caso y me mandó a hacer exámenes, cercanos a los $150 mil», comenta Liset Jiménez.
Para los especialistas, los episodios de contaminación producen graves consecuencias en la salud. Mareos y adormecimientos son respuestas comunes frente a la exposición al dióxido de azufre como ocurre en zonas como Quintero.

«Cuando el cuerpo se empieza a sentir dañado comienza a dar señales y en el caso de Quintero, las personas comienzan a oxigenar poco e inician una serie de síntomas acotados, como lo es el dolor de cabeza, náuseas e incluso adormecimiento. Estos síntomas específicos están asociados a un contaminante particular, y según lo que sucede allá esto es compatible con el dióxido de azufre, ya que produce estos efectos», indica Aníbal Vivaceta, médico especialista en salud pública y profesor de la Escuela de Medicina UV.

Por otro lado, afirma que convivir en una zona contaminada conlleva efectos inmediatos y tardíos. «Aquí hay un daño permanente y hay todo tipo de efectos, como por ejemplo, efectos de irritación de vía aérea y si queda con esa vía dañada, por la permanente agresión de contaminantes, quedará con secuelas que se presentarán más adelante, como daños en los órganos y cáncer», señala el especialista.
De esta forma, estudiar la zona sería fundamentales para entender lo que está sucediendo. «Sin duda lo que se necesita son más estudios en el área, saber qué contaminantes existen, ver caso a caso», puntualiza el médico.

 

Miércoles 16 de octubre de 2019.
Fuente: La Estrella de Valparaíso / soychile.cl