Hace 50 años que se mantiene la lucha en la «zona de sacrificio»

En un comienzo, las comunidades de Quintero y Puchuncaví lucharon por la instalación del barrio industrial en el lugar. Al poco tiempo aparecieron los problemas y la contaminación.

Hace dos semanas, vimos la gota que rebalsó el vaso, pero ¿cuándo se empezó a llenar? La historia nos dice que fue en 1964 el punto histórico en que empezó a conformarse un nutrido barrio industrial en Quintero y Puchuncaví.

La semana pasada, los pescadores de las principales caletas de la «zona de sacrificio» se manifestaron con banderas y globos negros. Uno de sus principales dirigentes, Roberto Monarde, ha luchado por décadas junto a sus colegas en contra del fantasma, cada vez más presente, de la contaminación.

Tiene el pelo largo, anudado en una coleta que flamea entre el viento que viene del mar. Cuenta que hace 20 años el gremio está movilizado, cuando veían que sus redes sacaban cada vez menos mariscos y peces.

Tiene 62 años, y sus recuerdos de niñez conservan memorias de las promesas que venían atadas a la llegada de la empresa Enami: «Yo lo viví, esta empresa de fundición se iba a poner en Los Vilos, y la gente decía que éste era un polo de desarrollo para las empresas, veían la posibilidad de desarrollo, de más puestos de trabajo… Posteriormente viene el tema de la producción, empezamos a conocer la señora contaminación y sus residuos ambientales», rescata.

Recuerdos tóxicos

Roberto cuenta que mientras más pasaba el tiempo, se arrepentían de haber ganado la pulseada para instalar la empresa en Ventanas.

«Muchos quinteranos y puchuncavinos empezaron a trabajar, se hacía todo el tema antes de que se sintieran las primeras consecuencias. Después empezaron los problemas de cáncer, los ‘hombres verdes’, el trabajar en malas condiciones, y a medida que transcurría el tiempo, mientras iban llegando las empresas, se iban desnudando sus consecuencias, y ahora en el siglo 21, año 2018, a esta altura ya no debiese pasar más», dice.

En aquella época ya se sentían las consecuencias. Era común que el traje de baño saliera con manchas negras acuosas después de bañarse en las playas El Durazno o El Manzano; era petróleo crudo que se filtraba en los derrames.

Un grupo de pescadores conversa junto a unos botes apilados; fueron compañeros de curso en el colegio Santa Filomena y recuerdan haber sufrido los mismos síntomas de las 301 personas que terminaron en el hospital hace un par de semanas. Vómitos, mareos y diarreas, cuando apenas tenían ocho años.

En la plaza de armas se encuentra la zona de resistencia. Pancartas, intervenciones, carpas de los manifestantes y banderas. Bajo un toldo regalan té, café, sandwiches y calzones rotos. Se arman ollas comunes y almuerzos solidarios para la gente que llega a protestar.

En una esquina, caminando con una boina y una palestina enrollada como bufanda, camina el «Pancho», pescador porteño radicado en Quintero hace más de diez años. El porteño sentencia con firmeza que la crisis se ha construido durante cincuenta años. Él mismo ha tenido problemas.

«Yo estuve enfermo cuatro meses, no sabía qué me pasaba. Tenía problemas para respirar y en la noche me ahogaba. Fui al hospital y me dieron mala atención, dijeron que era catarro, tuve que ir a un médico particular y me dijo que podían ser tres cosas: un resfrío mal cuidado, una infección o envenenamiento por la contaminación; lo peor es que tuve que pagar cuarenta lucas por la consulta», relata.

Chimenea en el escudo

En los ’60, Papudo, Los Vilos, Guayacán, La Calera y Puchuncaví lucharon por quedarse con la fundición. Esta última se impuso por su disponibilidad de agua y su cercanía con los puertos.

El libro «Puchuncaví: Desde la Ventana», publicado por Puerto Ventanas S.A. en conmemoración de sus 25 años, recoge un hecho histórico. La comuna de Puchuncaví tuvo en su escudo oficial una chimenea expulsando humo, que luego tuvo que ser retirada, por razones obvias.

«Resuelta la localización, el municipio incorpora la chimenea humeante a su escudo, simbolizando el progreso que llegaba. El año 2013 se rediseña, sin la chimenea», se lee en el texto.

Gabriel Rojas, magister en Geografía, hizo su tesis de posgrado sobre este periodo de «Historia Ambiental», previo al «auge» de las empresas, cuando la zona era un exclusivo balneario donde iban las clases más acomodadas.

Sobre la presión para instalar la refinería, cuenta que «desde Valparaíso hubo una presión política por la instalación de la refinería en Quintero. De hecho, las autoridades encargan un informe técnico que apoya la propuesta de Ventanas como lugar de emplazamiento de las industrias. El Mercurio de Valparaíso publica un extracto del estudio el 15 julio del 1958».

El especialista advierte que la luna de miel de la gente con la empresa duró muy poco y el descontento de la población se sintió rápidamente.

«Hay un trabajo de Tania Muñoz, antropóloga de la Academia de Humanismo Cristiano, que entrevistó a un gran número de pescadores de caleta Ventanas, y que plantea que pese a que habitantes de las localidades de Puchuncaví tuvieron la percepción inicial de que las industrias traerían progreso, y a que en un comienzo se emplearon en la construcción de las instalaciones industriales, con el tiempo fueron abandonando estos trabajos, producto de su escasa remuneración y de la falta de costumbre frente a este tipo de empleo. Una vez que comienza la operación de las industrias, creció el descontento, ya que muchos trabajadores se enferman o incluso mueren producto de las faenas», afirma.

Sobre el crecimiento sostenido del sector petrolero y bencinero, el geógrafo precisa que entre 1991 y 1994 hay una estallido industrial.

«En forma paradójica, una vez que la zona es declarada como saturada ambientalmente, y se dictan las primeras normas ambientales, comienza un periodo de rápido crecimiento de instalaciones industriales y terminales portuarios», explica.

Finalmente, y desde su opinión profesional, comenta que la ley nunca fue sólida ni preventiva.

«A mi entender, el problema radica en que la normativa ambiental es reactiva, y se implementa sólo cuando surgen problemas que signifiquen un riesgo para la continuidad de las operaciones productivas de las empresas, como ocurre cuando la población ve afectada su salud. Además las restricciones que establece la normativa son muy escasas, y por lo general se ajustan a la contaminación que ya producen las empresa», sentencia.

Martes 4 de septiembre de 2018.

Por Matías Valenzuela

Fuente: Estrellavalpo.cl