La crisis ambiental también tiene rostro de mujer

    Durante estos últimos años los científicos del mundo e incluso Naciones Unidas, han intensificado el llamado a los países para que redoblen los esfuerzos en relación a la implementación del Acuerdo de París, cuestión que cada vez que se realiza una Conferencia de las Partes (COP) pareciera que se aleja aún más, debido a que existen países que niegan el cambio climático, como otros que no pretenden disminuir sus emisiones. Si hoy en día, dicho acuerdo se cumpliese a cabalidad, la temperatura de todas formas estaría aumentado alrededor de los 3,5 grados, cuando para vivir un cambio climático en algún modo seguro, tendríamos que contener la temperatura en 1,5 grados, teniendo como plazo para lograrlo hasta el año 2030. De no ser alcanzada dicha meta, se estaría exponiendo a la humanidad y los ecosistemas a graves situaciones en donde los eventos climáticos se incrementarán, los riesgos y desastres estarán a la orden del día y en el día a día será la escasez de agua, la desertificación y la perdida de especies noticias permanentes.

    A su vez las actividades industriales de gran escala como la minería, los megaproyectos energéticos, los monocultivos forestales, la agroindustria aumentan y agravan considerablemente las presiones sobre los territorios, lo que nos lleva nuevamente a tener que mirar nuestro desarrollo, como también las consecuencias que ha producido el sistema capitalista a nivel mundial.

    Abordar la crisis ambiental requiere de realmente ponerle riendas al capital que permitan transitar a otro estadio, requiere de acuerdos políticos que viabilicen soluciones reales y no parches, los acuerdos requieren grados de vinculación que permitan implementar medidas que vayan por la remediación, mitigación, adaptación, protección, preservación y conservación del medio ambiente.

    El escenario anterior, si bien afectará a toda la humanidad, dicha afectación no es en igual condición para toda la población. Naciones Unidas y diversas organizaciones han colocado en el tapete que dentro de los grupos vulnerables que están siendo afectados por la crisis ambiental, se encuentran las mujeres, sobre todo aquellas que realizan labores de cuidado, de administración de bienes comunes, como también a la seguridad de la mismas en relación a los conflictos de diversa índole (armados, escases de recursos naturales, falta de agua, etc.) que estallaran ante un entorno inseguro que se está fraguando en la crisis ambiental actual.

    La crisis ambiental tiene rostro de mujer, debido a que es la sociedad de consumo exacerbada por un modelo de desarrollo capitalista patriarcal que nos ha llevado a este punto de no retorno, de hecho la esperanza ante el escenario de precipicio al que nos estamos acercando podría tener mejores expectativas desde la visión de las mismas mujeres y como estas, han administrado los bienes comunes, un ejemplo de lo anterior es la preservación de las semillas e intercambio de las mismas de forma ancestral que se lleva a cabo en muchas partes del mundo y que han mantenido tradiciones y sistemas colaborativos exitosos.

    Son las mujeres las que están llamadas a instaurar un cambio de paradigma en la relación que ha tenido la humanidad con el medio ambiente, la explotación a través del extractivismo y el despojo, debe ser reemplazado por el cuidado de los ecosistemas que las mujeres han hecho de forma excepcional al proteger ecosistemas frágiles, han aplicado la resiliencia ante los diversos desastres y son quienes han administrado de forma sostenible los bienes comunes de su entorno.

    La explotación de las mujeres, se representa a su vez como la explotación de la madre tierra que vivimos a escala global, son ellas las que están luchando en los territorios en contra del capitalismo, defendiendo los bienes comunes del extractivismo y son ellas también las que mueren protegiendo el entorno y la vida, como no recordar a Berta Cáceres (hondureña) y a Macarena Valdés (chilena), que encontraron la muerte al defender los ríos de sus comunidades de la instalación de hidroeléctricas que pretenden represar las aguas y con ellos sistemas de vida de las comunidades en donde se emplazan.

    Finalmente, son las mujeres las que tienen una conexión profunda con la preservación de la vida para las generaciones futuras, ya que son ellas las que se cuestionan, qué medio ambiente le dejaremos a nuestros hijos, nietos y todos los que vienen después de nosotras, por lo cual creo fehacientemente que el gran cambio también tiene rostro de mujer.

    Por Pamela Poo

    Publicada en CodexVerde