La necesidad de una buena Ley de Biodiversidad

Columna de María Isabel Manzur

Desde que Chile ratificó el Convenio de la Diversidad Biológica en 1995, nunca se preocupó de tener una norma legal que regule la conservación y uso sustentable de su valiosa biodiversidad. Biodiversidad que ha sufrido el embate de una economía extractivista y no sustentable con miras a las ganancias a corto plazo.

Chile y los demás países partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica, aprobaron el año 2010 en Nagoya, Japón, el Plan Estratégico de la Diversidad Biológica 2011-2020, con el propósito de incentivar a los países partes a realizar acciones para apoyar la diversidad biológica durante los próximos diez años. En dichas metas, los países se comprometen a proteger la diversidad biológica y mejorar los beneficios que esta proporciona para el bienestar de las personas. El plan estratégico está conformado por 20 metas globales (Metas de Aichi) que se agrupan en cinco objetivos estratégicos:

1- Abordar las causas subyacentes de la pérdida de diversidad biológica mediante la incorporación de la diversidad biológica en todos los ámbitos gubernamentales y de la sociedad.

2- Reducir las presiones directas sobre la diversidad biológica y promover la utilización sostenible.

3- Mejorar la situación de la diversidad biológica salvaguardando los ecosistemas, las especies y la diversidad genética.

4- Aumentar los beneficios de la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas para todos.

5- Mejorar la aplicación a través de la planificación participativa, la gestión del conocimiento y creación de capacidad

Un informe elaborado por el Ministerio del Medio Ambiente (MMA) del año 2014, da cuenta del nivel de cumplimiento de nuestro país de dichas metas. Es un verdadero lamento pues la mayoría de las metas tienen bajos niveles de cumplimiento. 85% de las 20 Metas Aichi (17 Metas) tienen un cumplimiento Bajo y Medio Bajo y sólo 3 Medio Alto (15%). Ninguna meta tiene un cumplimiento Alto.

El bajo nivel de cumplimiento de dichas metas tiene relación con que Chile históricamente no ha considerado la conservación de la biodiversidad como una prioridad, sino como un estorbo al desarrollo, lo cual es una visión bastante miope y falaz. Chile basa su economía en la explotación no sustentable de sus recursos naturales y que exporta a bajo precio (harina de pescado, por ejemplo), lo que ha causado la sobreexplotación de muchas especies, como el colapso de la merluza. La expansión de las plantaciones forestales es otro ejemplo que ha causado perdida de bosque nativo. La minería es otro caso de explotación no sustentable, cuya actividad ha creado “zonas de sacrificio”, como en Puchuncaví, o lo que ocurrió en el reciente aluvión del norte de Chile, cuando literalmente les cayeron encima los relaves mineros. Desde que Chile ratificó el Convenio de la Diversidad Biológica en 1995, nunca se preocupó de tener una norma legal que regule la conservación y uso sustentable de su valiosa biodiversidad. Biodiversidad que ha sufrido el embate de una economía extractivista y no sustentable con miras a las ganancias a corto plazo.

Es necesario avanzar urgentemente en sacar una buena ley que resguarde de la extinción nuestra valiosa biodiversidad. Chile tiene una deuda de larga data en este aspecto. Entre las Metas Aichi con bajos niveles de cumplimiento se encuentran las metas relacionadas con el uso sustentable de los recursos naturales, entre ellas las Metas 4 y 6 que indican que “para 2020, a más tardar, los gobiernos, empresas… habrán adoptado medidas planes para lograr la sostenibilidad en la producción (Meta 4), y que todas las reservas de peces e invertebrados y plantas acuáticas se gestionan y cultivan de manera sostenible de manera tal que se evite la pesca excesiva (Meta 6) y el país desarrolla una acuicultura, agricultura y silvicultura sostenible (Meta 7).

Después esta la Meta 12 que se refiere a la conservación de las especies amenazadas, y dice que para el 2020, se habrá evitado la extinción de especies en peligro identificadas y su estado de conservación se habrá mejorado. El MMA señala que Chile tiene un cumplimiento Medio Alto en esta meta, pero realmente no se han visto avances significativos en por ejemplo sacar de la extinción a muchas de las especies amenazadas como los peces de agua dulce que en Chile están todos amenazados, o los anfibios. El informe señala avances en la clasificación de las especies, como asimismo acciones puntuales para conservar algunas de ellas, que sin duda lo son, pero el esfuerzo debe ser mucho mayor. Un estudio del 2013, indica que Chile es uno de los países que peor protege sus especies amenazadas, está entre los 40 países del mundo que comparativamente gastan menos dinero en salvar sus especies en extinción.

Finalmente una nota sobre la diversidad genética chilena, palabra que es tan desconocida y que asusta a las autoridades pues dicen que es conflictiva, pensarán en los transgénicos quizás…, tanto, que no está incluida en el texto del proyecto de ley, que sólo incluía las especies y ecosistemas. Los senadores, en conjunto con el MMA y un Comité Técnico Asesor acordaron incorporar al proyecto de ley este componente tan importante de la biodiversidad, que no es más que la diversidad entre especies (que son las razas o subespecies). Las Metas Aichi la mencionan es su Objetivo 13: para el 2020, se mantiene la diversidad genética de las especies vegetales cultivadas y de los animales de granja y domesticados y de las especies silvestres. Chile tiene una extraordinaria diversidad genética, el 85 % de las especies de flora chilena son originarias de Chile, de las cuales 45% son únicas en el mundo o endémicas, entonces cómo no considerar este componente. Además somos centro de origen del tomate, de la papa, de la frutilla que crecen silvestres y dieron origen a las plantas cultivadas que consumimos hoy, son de incalculable valor pues proveen de valiosos genes para mejorar los cultivos modernos. Esta meta aparece con cumplimiento Medio Bajo, lo que indica que aún falta mucho por hacer. Además se hace necesario una ley especial para la conservación de los recursos genéticos animales, vegetales, hongos y microbios, que regule su conservación, uso, acceso y distribución de beneficios, para evitar su apropiación indebida mediante patentes.

Por eso, no seamos mezquinos, démosle a Chile una buena ley de biodiversidad que proteja nuestras especies, genes y ecosistemas, dentro y fuera de las áreas protegidas y en todo el territorio nacional.

Fuente: El Desconcierto