La olvidada escuela La Greda

Hace ocho años, en Puchuncaví, sus niños se desmayaban por la contaminación. Se convirtió en un símbolo. Iba a ser convertida en museo, en centro ecológico. Nada. Hoy está abandonada.

Puchuncaví. Lunes. 16 horas. Un bus municipal recorre dos kilómetros para trasladar a un grupo de niños desde la Escuela Básica La Greda hasta la esquina de Los Alerces con Los Aromos. El paradero, donde esperan los padres, está a escasos centímetros de una delicada reja desde donde aflora una vegetación desatendida. Atrás de las malezas está escondida la antigua escuela desde donde esos mismos niños fueron sacados de urgencia, por intoxicación, hace ya ocho años.

“Estábamos en la sala, bajaba una neblina y lo asocié al clima, cuando nos dimos cuenta de que a los niños le picaban los ojitos; después, malestar del estómago. La primera que se desmayó fue una profesora. Llegamos muchos al hospital intoxicados”. Así recuerda Claudia Tapia, la jefa técnico pedagógica de la Escuela de La Greda, en Puchuncaví, los efectos que tuvo una nube tóxica ocurrida en 2011.

Las convulsiones y desmayos de 33 niños y nueve profesores conmocionaron al país. La presión social y mediática hicieron que la empresa involucrada, Codelco Ventanas, dispusiera recursos para la construcción de un nuevo establecimiento, lejos de los pesares. Junto con ello, el gobierno comenzó a trabajar un plan de descontaminación en la zona declarada saturada.

La escuela, que por aquel entonces se convirtió en algo así como un emblema contra la contaminación, la cual iba a ser convertida en museo, talleres o centro de difusión ecológica, hoy figura abandonada, insalubre y peligrosa. Totalmente olvidada.

Beatriz Palma (39) hace un gesto de repudio y evita mirar atrás para hablar de la escuela, donde también estudió. “¿No siente el olor a quemado, a basura, a perros enfermos? Está en completo abandono. Entre y mire la desgracia en que se transformó este lugar, aquí nos juntábamos a hacer talleres. Hoy día lo ocupan hasta de motel”, cuenta.

Un cúmulo de hojas de otoño, de varias temporadas reciben en el acceso principal que no tiene restricción. A la izquierda, de inmediato se perciben vestigios de los dos incendios que sufrió en un año el inmueble, cuando al interior aún quedan recuerdos de la sala de la rectoría y papelería docente.

Vidrios de botellas y de pantallas de computadores están dispersos por todo el patio trasero. La sala 2, ya sin puerta, mantiene un registro de actividades del 2002 y tareas de Benjamín, Génesis y Monserrat, entre otros niños, en los casilleros de madera. Todo está en el suelo, estropeado. Alrededor hay colchones de esponja, donde alojan perros abandonados, uno de ellos evidentemente enfermo.

“Este lugar es incluso peligroso, vienen a pololear, también se ha concentrado el tráfico de drogas y nadie hace nada, todos se olvidaron, después de que lo iban a transformar en algo bonito para todos; puras mentiras”, reclama la vecina Jenne Vega (73).

Centro de monitoreo

Inicialmente, la emblemática Escuela de La Greda iba a quedar como “aldea cultural”, administrada por la comunidad. Tres años después, el Ministerio del Medio Ambiente presentó una iniciativa para transformarla en un centro de monitoreo ambiental, para todo el parque industrial de la comuna. Su emplazamiento significaría una inversión de más de $ 2 mil millones.

Este medio se contactó con el municipio para conocer su versión del estado de abandono del inmueble, pero no fue posible obtenerla.

El concejal Eduardo Veas (RN) manifestó que “aquí se iba a instalar una central para controlar a las empresas, con un parque de juegos para los niños. El estado del establecimiento es deplorable, está peor que antes; ni gobiernos, ni alcaldes se hacen cargo de este basural”.

El manojo de llaves que aún conserva la profesora Claudia Tapia ya no sirve, porque ni ventanas le quedan a la escuela, donde se desempeñó profesionalmente toda su vida. La maestra lamenta la falta de cuidado que se tuvo incluso con el cambio, donde asegura que se perdieron archivos importantes.

“Entre que nos mudábamos, se perdían cosas, algunas valiosas, como un horno y una estufa; aquí sufrimos un saqueo, se llevaron hasta ampolletas. Ahora todo está destrozado”, señala.
Tapia también resultó intoxicada en 2011 y reflexiona sobre las ideas que se dieron para la escuela: “Esto pudo tener una ocupación valiosa, bonita, porque está lleno de lindos recuerdos, pero quedó abandonada, como siempre”.

Sábado 6 de abril de 2019.

Fuente: La Tercera.