Quintero-Puchuncaví: Una infancia asediada por un complejo industrial

    El complejo industrial instalado en la zona hace 61 años cambió la forma de vivir la infancia de miles de niños que constantemente sufren episodios de intoxicación. El futuro es siempre incierto y es que nadie sabe si de las risas y juegos, luego se pasará a los vómitos, dolores de cabeza, la pérdida de sensibilidad en las piernas, o incluso al cáncer.

    Hay dos cosas a las que todos los niños de Quintero y Puchuncaví están acostumbrados. Una de ellas es ver la arena de sus playas negras por el carbón. Lo otro es ver día a día humo saliendo de cada una de las empresas que forman el cordón industrial que le dieron el rango de zona de sacrificio a estas localidades que suman 30 mil habitantes.

    Camila Ponce tenía 14 años para el 4 de septiembre de 2018. Ese día, durante la tarde, caminaba con su madre y su hermano por las calles de Chocota, localidad rural en Puchuncaví. En el ambiente había mal olor, algo parecido a gas. Se empezó a marear, se le debilitaron las piernas y casi no pudo caminar. Su madre la llevó de urgencias al Centro de Salud Familiar (Cesfam) de Ventanas y al ingresar, había cerca de ocho personas con los mismos síntomas que ella.

    Especial #NiñosSacrificio

    INTERFERENCIA investigó en cuatro zonas de sacrificio la vida y la salud de niñas y niños. Los resultados son dramáticos.

    1.

    CORONEL

    Arsénico y níquel, veneno de las termoeléctricas

    2.

    QUINTERO

    La nube de azufre y arsénico del complejo de Ventanas

    3.

    TALCA

    Tóxicos baños de pesticidas y plaguicidas de la agroindustria

    Fuente: Interferencia