Santiaguinos consumen al año un bosque de leña del tamaño de mil canchas de fútbol

    El ministro de Medio Ambiente, Pablo Badenier anunció la prohibición del uso de la leña en el sector urbano de Santiago a partir del próximo año. La medida que se enmarca dentro del Plan de Descontaminación de la Región Metropolitana y apunta a que según el titular la cartera, este tipo de calefacción representa «más de un tercio de las emisiones».

    Sin embargo la iniciativa tiene bastantes detractores, y si bien la intención de disminuir los niveles de material particulado es unánime, no se comparte la solución impulsada por el Gobierno.

    Según datos entregados por el Ministerio de Energía a Emol, los capitalinos consumen 440.105 metros cúbicos estéreo (unidad de medida que corresponde a una pila de leña circunscrita a un cubo de un metro de largo, un metro de ancho y un metro de alto, incluyendo los espacios de aire entre los trozos de leña).

    Lo anterior es utilizado por 145.570 hogares, es decir tiene una penetración del 7%.

    El investigador y académico del Instituto Forestal de la Universidad Austral, René Reyes, explica que eso quiere decir que «si la leña fuera de eucalipto, ese volumen equivaldría a unas 800 o mil hectáreas con árboles de 15 años plantados en la zona central de Chile. O sea que es lo mismo a decir que el consumo equivale a mil canchas de fútbol o la mitad de la comuna de Santiago».

    Es el combustible más económico

    Reyes dice no estar de acuerdo con la intención del ministro Badenier – y también respaldada por el intendente de la Región Metropolitana, Claudio Orrego- ya que considera que es «inviable» y sólo «quedará en el papel».

    «La leña tiene un costo, por unidad de energía, que es entre tres y cinco veces menor que el kerosene, el gas licuado o la electricidad, por tanto para muchas familias es simplemente imposible reemplazar la leña por otro combustible. Son muy caros», argumenta.

    La culpa es de la energía mal utilizada

    El académico, que en febrero de este año acaba de publicar un estudio llamado «Contaminación atmosférica: atacando el síntoma, no la enfermedad», sostiene que la solución real pasa por mejorar la aislación térmica de las viviendas.

    «La leña no tiene la culpa, la culpa está en el exceso de energía que utilizamos para calefacción, la cual duplica o cuadriplica los consumos observados en Nueva Zelandia o la Costa Oeste de los Estados Unidos, que tienen climas similares al nuestro», detalla en relación a los datos obtenidos en su investigación.

    «El primer paso en una política de descontaminación sería reducir la demanda de energía para calefacción a través de programas de reacondicionamiento térmico de viviendas, lo cual permitiría disminuir enormemente el consumo de leña y con ello las emisiones. El segundo paso sería mejorar los calefactores, generando una norma de emisión mucho más exigente que la actual», concluye el profesor René Reyes.

    Fuente: Emol.com