Sequía reduce crecimiento demográfico

y amenaza con despoblar 20 comunas del país

Situación también fue advertida por un informe de la OCDE: Fin de la producción agrícola en la Provincia del Limarí y Petorca ha generado un éxodo de familias a centros urbanos como La Serena, Valparaíso e incluso Santiago.

Hace 20 años el colegio de Espíritu Santo, en Canela, acogía en sus aulas a unos 100 niños, que daban vida al patio del establecimiento. Así, cobraba sentido su cancha, el escenario para los actos y las 10 salas de clases. Hoy, el colegio luce desierto. Sus cuatro alumnos salieron temprano y las salas parecen la escenografía de un pueblo desierto. “En la posta me dicen que hay siete niños más que pueden ingresar, si es que los papás no se van. Colegios como éste cerraron en Colihue, Fasico Alto, Lo Varoli y Las Palmas. Sin niños, esos pueblos van a comenzar a morir”, relata Jorge Lueiza, profesor de la escuela.

La situación no es azarosa y responde a una causa común en el Norte Chico: la sequía está generando el despoblamiento de villorrios, localidades y pueblos, por el término acelerado de las pequeñas agriculturas familiares o los grandes cultivos productivos de paltos, viñedos, cítricos e incluso del queso de cabra. Así, las familias se ven obligadas a emigrar a los grandes centros urbanos cercanos, como La Serena, Ovalle, Quillota, Valparaíso o Santiago.

La situación afecta a cerca de 20 comunas con decretos de escasez hídrica. Según los datos preliminares del censo, zonas como Petorca, Punitaqui o Combarbalá apenas han crecido en menos de 1.000 habitantes en dos décadas. Por ejemplo, Monte Patria (una de las comunas con una situación hídrica más crítica en la Región de Coquimbo) bajó de 30.247 habitantes que tenía en 2002 a 29.983 en 2012. Canela, la comuna más golpeada de la Provincia del Limarí, pasó de 9.420 en 2002 a 9.143 en 2012.

Medidas

Esta situación es vista con preocupación por el Gobierno. El subsecretario de Desarrollo Regional, Ricardo Cifuentes, señala que la falta de agua supone mayores acciones por parte del Estado. “La sequía en lo que antiguamente era el Norte verde ha intensificado el fenómeno, desde el valle del Huasco a Petorca. La disminución brutal de precipitaciones ha mermado las posibilidades de supervivencia. Familias completas emigran al norte minero. Esto hace necesario establecer una política de desarrollo rural que, por ejemplo, en el secano de Coquimbo incorpore energía para extraer agua de pozos profundos”.

Este proceso también lo observó la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en su informe sobre el Chile rural, lanzado en marzo del año pasado: “Buena parte del campo chileno ha estado, por al menos 20 años, en un proceso de despoblamiento -especialmente en municipalidades rurales más pequeñas y menos densas- y en una desertificación socioeconómica. La población rural se desplaza a centro regionales, debido a que la estructura demográfica rural es dispersa y débil”, establece el documento.

El presidente del Consejo de Desarrollo Urbano, Luis Eduardo Bresciani, dice que se deben crear incentivos para evitar el abandono de estas zonas. “La existencia de pequeñas localidades es fundamental para la sustentabilidad productiva del país y los equilibrios de desarrollo regional. Las políticas píblicas al focalizarse solo en las familias y no en los poblados han tendido a crear incentivos para que se les abandone y se busque el traslado a la ciudad como forma de lograr beneficios”, asevera.

Fuente: El Mercurio